Debo de estar haciéndome mayor, eso que algunos llaman madurez, porque cuando escucho Nana para un niño indígena, y lo he hecho un montón de veces, se me pone la piel de gallina y la emoción está a flor de piel. Esa arpa andina exquisítamente tocada y esa voz que canta una letra muy tierna es de lo mejor que el cantautor madrileño ha escrito en su carrera.
Lo mismo me ocurre con Para médicos y amantes, el tema que cierra con voz y guitarra como un cantautor a la antigua usanza Sueños de un hombre despierto, el séptimo disco de Ismael Serrano. Los sonidos de ese arpa no es él único novedoso que podemos oir en este álbum.
Preocupado por repetirse, Ismael Serrano ha incorporado también un violín de flamenquísima rumba en Canción de amor y oficina, un sitar en Somos, que convierten esta canción casi en pop psicodélico, y la voz de Mercedes Sosa, recuperada en Zamba del emigrante.
