
Russian Red nunca ha sido una de mis debilidades, más bien todo lo contrario, ha sido una de las propuestas que más me ha exasperado en los últimos tiempos. I Love Your Glasses (2008, Eureka) me carga, en una primera escucha pudo interesarme pero después me dormía y me aburrió hasta quitarme las ganas de verla en directo.
Dos años después de haber estado girando por toda España con su encumbrado debut bajo el brazo (nosotros le elegimos como el 50 mejor de la década) ya tocaba parar, tanto de dar conciertos como de cualquier promoción imaginable, porque quién no ha visto a Lourdes Hernández en algún lado. Madrid, su ciudad, fue el lugar elegido, y el Teatro Calderón como recinto, ejemplo del capitalismo más absurdo de estos días, por su reconversión previo pago generoso a Teatro Häagen-Dazs Calderón.
