
The Bats forman parte de esos grupos que se ajustan al tópico de que “si este mundo fuese justo, ellos coparían los primeros puestos de la listas”, pero es injusto hablar de ellos en esos términos. Porque da igual que la industria musical sea justa o no: al final lo que importan son los grupos y sus canciones, no lo que consigan vender o no.
Si algo te gusta tanto como para pensar en que “deberían ser enormes”, haz tu tarea: predica la palabra, pónselo a tus amigos, regala discos o enlaces de mp3. Quizás no consigas que el grupo se haga rico y famoso, pero seguro que logras ampliar su legión de seguidores y, ya de paso, hacer a otros tan feliz como tú cuando escuchas sus canciones.
A mí, The Bats me han hecho feliz durante muchos años y por eso siempre recordaré a la persona que me los enseñó por primera vez. Y, una vez exprimidos sus discos, The Bats me abrieron el camino hacia un lugar privilegiado para esto de la música indie: Nueva Zelanda. Siguiendo el hilo del que nacieron se llega a otras muchas bandas de sonidos diferentes que comparten una característica común: el encanto de lo pequeño.
