
Hubo una época en que Belle & Sebastian, además de ser una banda de grandes canciones, eran también un grupo único, especial, muy por encima de cualquier propuesta parecida. Tenían un don, EL DON, y dejaban tantos discos imprescindibles como veces entraban a grabar.
Luego, eso cambió, se transformo en algo diferente, en una banda mucho más profesional, aún capaz de hacer temazos y hitazos, pero definitivamente no el grupo pequeño que te cambia la vida porque es como tú. Stuart salió de su cascarón sin miedo a ser estrella del pop, pero era infinitamente más atractivo cuando era el joven apocado con terror atávico a entrevistas, medios de comunicación, fama, vídeos y tantos y tantos peajes del pop mainstream.
