Hay que ser muy fanático o un poco gilipollas para permanecer ocho horas de pie bajo la lluvia, empapado hasta los calzoncillos, con un frío del demonio y el riesgo de pillar una pulmonía, lo sé. Pero es que encima si preguntásemos a cada una de las 28.121 personas, que según la organización acudieron a la segunda jornada del Bilbao BBK Live, los valientes que no abandonamos para irnos a casa diríamos que mereció la pena.
Y es que el verdadero protagonista del sábado llegó desde fuera del escenario, de esas nubes que no dejaron ni un segundo de escupir litros y litros de agua desde las siete de la tarde y transformó completamente la imagen del festival. Paraguas, ponchos de plástico de todo a cien y gorros para el agua se convirtieron en la indumentaria festivalera perdiendo todos y todas su sex appeal.
Con las imágenes de Woodstock en nuestras cabezas y en los pies un inmenso barrizal que amenazaba con convertirse en tu colchón si resbalabas y caías de morros en uno de los numerosos charcos, no estábamos dispuestos a dejarnos aguar la fiesta.

No es el Rock In Rio, ni falta que hace, esto no es un parque de atracciones sino un festival, sin hypes ni grupos de moda, solo grandes bandas consolidadas y algún que otro sonado regreso a los escenarios. Tampoco se emitirá por Televisión así que no te va a quedar más remedio que hacer rápidamente tu mochila y venirte a Bilbao este fin de semana.
Incorporaciones muy interesantes, diría yo, y de grupos que tienen el verano prácticamente copado de giras, macro conciertos y festivales. Cómo se nota que el buen tiempo atrae a los groupies como moscas a la miel.
A piñón fijo. Así pasa el debut de