
Está claro que las compañías discográficas en estos años de vacas flacas, flaquísimas diría yo por su culpa, intentan sacar partido a las vacas sagradas de su catálogo. Con The Doors la cosa se está desmadrando de tal manera que, cuando parece que no hay leche que sacar de la teta de esa vaca, aparece una nueva referencia, o varias, como en este caso, que vienen a darnos la razón cuando soltamos pestes por nuestra boca en contra de los grandes sellos.
