Lo comentábamos todos los medios acreditados en el Crossroad Festival que era de juzgado de guardia que el público asturiano no se hubiera dignado a acudir al parking del estadio Carlos Tartiere para ver a un montón de grandes bandas de talla internacional.
Ya no valen excusas. Ni el precio de la entrada, ni el lugar, que estaba realmente bien acondicionado, con sus barras amplísimas, servicios higiénicos y demás requisitos básicos. Tampoco sirve que se diga que el cartel es muy ecléctico. Todo eso son pamplinas que lo único que valen es para demostrar que el público asturiano es una vergüenza en cuanto al tema musical se refiere.
Lo peor de todo es que ya se está corriendo la voz por ahí y llegará un día que ni la iniciativa privada ni, por supuesto la pública –el ejemplo de la cancelación del festival de jazz de Oviedo está ahí como reflexión- van a traer a esta región actuaciones interesantes que se salgan de lo meramente comercial.
