Let’s Go, vamos que nos vamos. Así vocifera Al Jourgensen en el primer corte de un álbum que huele a despedida por todos lados, dejando claro ya desde un primer momento que aquí se acaba la cosa. Aquí se acaba la trilogía de discos que la banda ha dedicado al presidente norteamericano George W. Bush, la cual se inició con Houses of the Molé y siguió más tarde con Rio Grande Blood. Pero aquí también se acaba la historia del grupo que dio origen a todo lo que hoy pueda acercarse mínimamente a ser considerado metal industrial.
Padres de la extraña combinación que forman las guitarras a todo volumen, las voces salvajes y los sintetizadores en su expresión más ratonera, Ministry ponen fin a su historia como nombre de banda, aunque podemos estar seguros que no como concepto musical. Y es que, a fin de cuentas Ministry es sinónimo de Al Jourgensen, y aunque el veterano rockero deje de lanzar álbumes con esta banda, podemos estar seguros de que su música seguirá adelante con otros nombres. Por proyectos paralelos no será.
Respecto al disco en sí, nadie se va a sorprender de lo que éste nos ofrece: no se aleja ni un ápice del estilo brutal, casi caótico, que es marca de identidad de la casa, y que ha llegado a alcanzar las cotas más altas de ira bucal con estos últimos discos dedicados a la administración Bush. El micro tuvo que acabar pringado de bilis cuando Al terminara de grabar las voces para este álbum.


