Oscuro y perfecto. Estos dos adjetivos son los que podrían resumir el nuevo trabajo de Portishead. Los de Bristol vuelven por todo lo alto, sentando cátedra sobre qué se entiende cómo downtempo y más aún, sobre el género muerto trip-hop, que en ningún caso vuelven a recuperar y asentarse en él como en su primera época. Portishead consigue sonar viejo, sonar clásico y a la vez dar una lección de modernidad en su propio terreno.
Ya de primeras Silence nos hace retomar el recuerdo de quién era esa joven rubia que cantaba como si se fuera a romper. Beth Gibbons ahora entona (ya que ella va más allá del simple canto normal) con una solemnidad helada “Did you know when you lost?” nada más empezar, y luego lo personifica en su persona. Aquí ya se firma la distinción del resto. Portishead no plasman en una canción un estribillo para conseguir que sea pegadiza, que se recuerde fácilmente, sino se plasma con una fuerza asombrosa y la canción va buscándolo para crear ese valor.
Pero no hablamos de trip-hop, es un elemento que hay que aclarar cuanto antes. El género como tal murió a mediados de los noventa, por mucho que la prensa y la industria quisiesen inventar el término post-trip-hop, con el apogeo y la repetición de un sonido demasiado delicado para pasar a ser comercial, demasiado delicado para que las series de turno pusiesen Roads en los momentos más melancólicos y funcionase por la maravilla de canción. El trip-hop murió en cuanto se hizo grande, y ahora los de Bristol deciden tras diez años hacer su cóctel más unido que nunca.

