
Tengo que admitir que Verano Fatal me parece, con diferencia, el peor de todos los discos en los que ha participado Nacho Vegas. Desde el primer momento en que lo escuché fui incapaz de entrar en sus supuestos méritos. El problema, además, es que venía muy recomendado por una parte de la crítica musical y, claro, la decepción fue doble.
A priori, la unión de Vegas y Christina Rosenvinge no pintaba mal sobre el papel. No sé si en privado será así, pero musicalmente uno se los imaginaba cuadrando. Además, sus personajes no eran precisamente agua y aceite y uno ve la portada del disco (quizás sería mejor llamarlo minicd) y, claro, comprende que sí, que algo tienen en común, aunque sea su necesidad de aparecer fumando en las fotos.

¿Soy el único al que Verano Fatal le parece un experimento algo aburrido, en el que está claro que se lo han pasado mejor quienes lo han instigado y ejecutado que el propio oyente? Porque, aunque muy elaborada, Verano Fatal suena a broma privada entre la pareja, que sólo en tres canciones (o dos y media) está a la altura de las pretensiones.

