
A pesar del cansancio y la necesidad de un descanso necesario, la cita de ayer con el maestro Jerry Lee Lewis en los Veranos de la Villa volvía a ser de esas indispensables en cualquier agenda melómana, anteponiéndose al propio estado físico. Si el de Louisiana cuenta a sus espaldas con nada menos que 73 años y está hecho un chaval, no había excusas para no ir.
El concierto del pianista apodado hace décadas como The Killer, uno de los apodos más justificados de la historia de la música, junto a la larga lista de James Brown, traía consigo un repertorio clásico, el mejor rock and roll que en la actualidad se puede encontrar en manos de una vieja gloria, sin necesidad de revivals insulsos y con grandes campañas de marketing detrás.
Lo de Jerry Lee Lewis es el auténtico sonido que revolucionó la música en la década de los 50s, cuando aún el rock era llamado rock ‘n’ roll, como bien distingue Charlie Guillett en su libro Historia del Rock. El Sonido de la Ciudad (2003), y posteriormente, en 1958, cuando desaparece paulatinamente este sonido para dejar paso al rock and roll, y su consiguiente éxito entre el público generalista.
