
Con Víctor Manuel sé que no soy objetivo, ¿o sí? Desde hace años no ha hecho un disco reseñable ni ha aportado nada nuevo, más que apoyar ciegamente a la SGAE, que no nos olvidemos le genera sustanciosos beneficiosos de la carrera de toda una vida. De esa carrera es de lo que va Vivir para cantarlo, un repaso cronológico a su historia.
Y no soy objetivo porque a pesar de todo en Asturias le queremos y, al menos, para mí, su carrera hace aguas desde mediados de los ochenta, concretamente, tras Qué te puedo dar, que se publico en 1988. Acompañado de su hijo, David San José, al piano y Ovidio López a la guitarra se presentó en el Teatro Jovellanos de Gijón y consiguió llenarlo durante dos días.
