Taylor Swift se ha convertido en un fenómeno desde que su segundo disco, Fearless, vendiera seis millones de copias por todo el mundo y se convirtiera en una competidora en la carrera del mainstream con un sonido más cercano al country que al pop y a la electrónica que distinguen al resto de corredoras y que a la vez, las hacen cortadas por el mismo patrón.
Sin embargo, hay algo que diferencia notablemente a Swift del resto de las chavalas, y no sólo es el estilo en el que tan bien ha sabido prosperar. La crítica, en términos generales, ha dado su visto bueno tanto a su sonido como a su habilidad para la composición de las canciones de sus discos, tarea a la que se dedica personalmente y en la que, según sus palabras, plasma sus diferentes experiencias vitales.
