
Le tenía respeto al último disco de Joaquín Sabina; el Flaco de Úbeda ya no es el mismo desde el marichalazo. No necesita sorprender a nadie ni hacer una campaña de promoción brutal para hacer ruido.
Ha pasado ya la barrera psicológica de los sesenta años y regresa tras una pobre tarjeta de presentación que incluía Dímelo en la calle y Alivio de luto. Y la terna se completa con Vinagre y rosas, el que dice que será su último álbum con gira interminable en grandes espacios.
