
Buscando algo de información para documentarme sobre Krilin antes de ponerme a escribir acerca de su primer disco, me encontré en Indyrock con esta definición que se ajusta perfectamente a lo que pienso: “Si fueran escandinavos, serían portada de revista. Pero son vascos”. Y es que muchos amantes del sonido duro en este país (yo el primero, lo admito) cometemos el error de ir a buscar fuera de nuestras fronteras ese talento que muchas veces puede estar desplegándose a pocas calles de nuestra casa.
En concreto, este cuarteto empezó a dar guerra desde San Sebastián en el año 2004, y su proceso de maduración ha constado de tres EPs que han desembocado en When The Time Comes, There Will Be No Time, su puesta en largo grabada en el Wheel Sound Studio de Barcelona. El disco salió a la venta el año pasado para convertirse con todo merecimiento en una de las grandes sorpresas que nos dio el 2009 en el panorama rock nacional, lo que hace que nunca sea demasiado tarde para recomendarlo.
