
Queridos señores grandes del Spotify,
soy un tierno infante que sigue creyendo en los Reyes Magos y hasta en ese señor campechano que sale cada Navidad y me somete a un coma profundo. Así que si creo en ellos imagínense en ustedes. Ante todo, esperanza de que conviertan su programa en el mejor reproductor de música de la historia. Hasta el momento solo ha habido mojones. Esto entre ustedes y yo, que si lo lee mi mami me limpia la boca con jabón. Es muy suya la jodía.
El otro día me ilusioné mucho con el lanzamiento de la nueva versión del Spotify. Permítanme que les diga que no me tragué la parafernalia de esa charla hacia al público tan de moda hoy entre las empresas guaysh. Bastante tengo con el campechano. A mí el marketing de forma más oculta. Si al final pago todos los meses la cuota completa del programa, no me pidáis más.

Me sorprendió ver tanto ruido por Twitter, esa red social donde cada mínimo acontecimiento puede ser digno de un debate de las Naciones Unidas por una relevancia fantasma. Habéis conseguido vender el producto, ¡me cachis!, digo la ilusión a las personas de tener una necesidad satisfecha con un programa que es la bomba: toda la música a golpe de click y en streaming. Eso es una maravilla. Que faltan tres o cuatro o cinco grupos, pues sí, pero antes faltaban millones y éramos felices. Habéis logrado lo más difícil: crear una marca asociada a valores positivos.
Por una módica cantidad al mes tenéis ya más de 2,5 millones de usuarios de pago en todo el mundo. Oye, que os está yendo bien y eso. Si contamos que somos más de siete mil millones de personas es poco, pero la demagogia para otro momento. ¿Cuánto lleváis en activo? ¿Desde el 7 de octubre de 2008? ¿Y ya tenéis 2,5 millones de personas suscritas? Sí, es muy poco. Decídselo a los periódicos y a quienes tienen tantos amigos que nadie quiere quedar a tomar un café con ellos. Es poco.

¿Que se os bajan del carro muchos sellos de electrónica? Pues bien. Eh, noticia en Menéame. Estáis acabados. Mañana echáis el cierre. A todo esto: ¿quiénes son esos sellos? ¿Cuántos los conocen? ¿Qué catálogo tienen? ¿Qué tipo de negocio buscan? Ah, vale, que por ahí anda Skull Disco y el señor Shackleton. Seguro que él busca el lucro y una retirada en las Bahamas.
Señores de Spotify, no hagan caso a tales globos sonda. Van por buen camino. ¿Alguien echa de menos a Coldplay, The Beatles o AC/DC? Si tanto les gusta tales grupos por qué no tienen los discos y así no tendrían que lanzar lagrimones contra su aplicación? Esa gente es muy cutre, señores de Spotify. No les conviene. Háganme caso, que soy un tierno infante pero sé cómo sacar los cuartos a mi abuela. Y esos que tanto se quejan por algunas trivialidades no son su público objetivo.

Que si Apple saca su nuevo servicio, que si Google también, que si que si que si… El único que si son los 2,5 millones de usuarios suscritos a Spotify. El resto son castillos en el aíre. iTunes y Google llevan vendiendo humo desde tiempo ha. ¿Por qué no han logrado lanzar algo mejor que Spotify todavía? Ah sí, los esfuerzos han ido a parar a Google+ y Ping. Yo si fuese ustedes, señores de Spotify, estaría temblando. ¡Qué viene el coooooco!

Señores de Spotify, no se asusten. Sé que cuando eran tiernos infantes como yo no sabían qué era lo del menaje del hogar éste, pero ahora tenemos Internet y lo mismo que consumimos su servicio le dedicamos otras tantas horas a otros. El movimiento que han hecho hacia los medios me ha encantado. Entiendo la música como un compendio de actores y uno de ellos es el de la opinión. Cualquier pensamiento contrario a esto sería absurdo por mi parte, como podrán comprender, señores de Spotify.
A los medios hay que leerlos, hay que ver qué se lleva, qué no se lleva. Descubrir la nueva música que las discográficas les han enviado, la nueva música que les ponen anuncios. Críticas personales, emotivas, feroces y demás fauna. Hay que leerlo y acto seguido: pasar del tema. Tienes la información, tienes un filtro que te has ido formando según confíes en unos u otros y al final tendrás ese punto de vista crítico. Sin muchos medios es imposible estar al tanto de cada disco nuevo que sale, aunque solo sea por saber qué han salido a la venta.
Spotify mejora con este aspecto y encima logra cuidar a los medios. Ambos se necesitan para lograr un mejor producto.

Aplicaciones como TuneWiki o Moodagent (que funciona como el ojete) trae a muchos una diversión añadida que la música a veces pierde. A la gente le gusta saber qué letra suena, poder leerla o cantarla cual japo borracho a las 6 de la mañana. Todo muy moderno 2.0.

Lo más interesante es el Soundrop. Eso es un filón. De un tiempo a esta parte se consume cada vez música pero lo que es hablar de ella no lo veo tanto. Se habla de cine, de fútbol y del último libro que lo peta, pero de música no hay un sentimiento tan extendido salvo recitar nombres sin sentido. Al menos, es mi apreciación personal y lo que he vivido. Con Soundrop es posible quedar todos en un chat con opciones para modificar la lista del jukebox del bar rancio pero con personas que van votando lo que quieren que suene. A más votos, la canción sube más puestos y sonará antes.
La idea de juntarse y comentar un disco entre amigos, o incluso con los indeseables compañeros de blog ya es una sensación añadida a solo escuchar la música. Incluso si en esa conversación solo habláis de fútbol, cine y libros, al final se está interactuando con la música.
A esto hay que añadir el contenido social de Spotify con Last.fm a la chepa, la sección de amigos, la vinculación con Facebook, las canciones y listas más escuchadas por los amigos, etc. Que el consumidor se quede en sus redes.

Pero aunque todo esto para el usuario está de lujo, al final hay que pensar en las pelas. ¿De dónde se puede incentivar la recogida de beneficios? Sin ser yo ningún experto, conocer bien al milímetro el negocio, puedo imaginarme que el dinero podría venir de las entradas de conciertos, de una futura plataforma alquilada para los medios (al igual que se suben canciones, los medios pagan por estar ahí), de anuncios en tales aplicaciones y sobre todo: de próximas aplicaciones de empresa desarrolladas para vender el lifestyle actual. Eso que ya está llenando el iPad con un contenido añadido llegará a Spotify. Empresas como Coca-Cola u otras de bebidas alcohólicas serán unas de las mejor situadas para ofrecer algo así, por historial, vamos.
Si Spotify consigue un porcentaje de las entradas vendidas, del alquiler de la plataforma, de anuncios que incluyan en tales aplicaciones, y, sobre todo, de las empresas que buscan a sus clientes por Spotify, entonces los ingresos aumentarán para ellos.
Sumado a esto nos encontramos con que este caramelo llegará un momento en que se cierre cual tumba y los que no pagan un duro se queden con unas opciones de usabilidad mínimas. Estarán tan satisfechos por el producto que se suscribirán. Nada es gratis.

Señores de Spotify, esto iba a ser una carta más o menos breve declarándoles mi amor y confiando en que en un futuro mejorarán aún más, pero al final se ha convertido en un ladrillo que ni el iTunes. La siguiente la haré en una keynote y con gatitos.
Como toda carta de Reyes Magos tiene que haber deseos, peticiones, ideas que pedir. Total, es gratis y soy capitalista.


Creo que no me dejo nada. Si es así ya volveré a escribiros.
XOXO.
PD: os he dejado un vasito de leche con miel y con galletas.
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