Arqueología del indie #2: Eleventh Dream Day, una historia de supervivencia
Repaso discográfico a uno de esos grupos de camisas de cuadros de EEUU
Arqueología del indie es una sección de Hipersónica donde rescatar discos perdidos, grupos olvidados y todas esas historias de perdedores morales (o no) en un cajón del que nadie se acuerda, o simplemente trayectorias concretas de los grupos de guitarras que nos flipan
El profuso mundo del underground norteamericano dejó cantidad de grupos desde finales de los 80s, y sobre todo durante los 90s, que quedaron tapados por las grandes oleadas de los conjuntos gigantes que estaban fichando por las majors y que conquistaron el mundo tras el catecismo de la santa Trinidad del indie rock: Sonic Youth, Pixies y Dinosaur Jr., cada uno con su estilo y bases para que cada cual eligiese el camino a seguir. Uno de aquellos grupos de segunda fila pero con puñados de muy buenas canciones, alguna, si no memorable, muy cerca, fue Eleventh Dream Day. Y que tardaron poco en llegar a otra multi, aunque no fue algo disruptivo en su carrera. Hubo buena recepción de la crítica al principio y presencia en alguna lista, pero pasaron desapercibidos para grandes audiencias. Nada nuevo bajo el sol en EEUU, donde a veces hay que predicar primero en Europa para después regresar como hijo pródigo. Una historia bastante común allá fuera de los verdaderos gigantes.
Un grupo, además, emparentado y colega de los buenazos —en todos los sentidos— de Yo La Tengo, con quienes giraron (también lo hicieron con The Chills). Aunque empezaron como cuarteto, han compartido la mayor parte del tiempo el modelo de formación: un cantante y guitarrista que era un virtuoso, como Kaplan; Rick Rizzo, una mujer en la batería que también cantaba, Janet Beveridge Bean, por Hubley; y un bajista que sí sonará algo más, Doug McCombs (Tortoise, Brockeback), por McNew. Aún en activo, con su último largo en 2021, Since Grazed (Comedy Minus One, 2021), Eleventh Dream Day es un grupo fascinante en el que quedarse a vivir: por ese indie rock aguerrido, estribillos ganadores, punteos de guitar hero y una buena dosis cowpunk. El pasado abril se reeditó digitalmente uno de sus grandes discos, Lived to Tell (Atlantic, 1991), con tres temas inéditos. Maravillosa excusa para entrar de nuevo.
Esos desconocidos que tocan al lado de tu casa
Es uno de esos grupos que se sumaron al indie rock cuando aún estaba en pleno desarrollo, cuando las formaciones que pusieron las primeras piedras de toque aún eran jóvenes y era el turno de darle forma a ese sonido que nacía y que conquistaría el mundo. Algunos de ellos siguen en activo , y son a los que podemos considerar los definidores del indie rock moderno, los que perduran en el imaginario colectivo. Por el camino, otros de la época han caído en el olvido a pesar de su calidad, e independientemente de que hoy sigan en activo, continúan en sellos importantes pero ya pasan totalmente desapercibidos.
Uno de esos casos es el del conjunto de Chicago, supervivientes de los 80s que importan, y sepultados por la sombra que proyectaban en la siguiente década quienes se beneficiaron o repitieron hasta la saciedad las fórmulas de sus predecesores —también, todo hay que decirlo, les faltó un disco que rompiera y pudiera competir con otros—, y con unos 2000 bastante irregulares. Pero fue en esa franja finales 80s-90s cuando tuvieron su fase de mayor efusividad productiva. Un grupo, en definitiva, cuya interesante trayectoria e historia merece ser rescatada.




