Feel Good Lost (2001)
Es probable que nadie involucrado a mediados de los 90 en lo que se dio en llamar, por obra y gracia de Simon Reynolds, post-rock intuyese el impacto que sus obras iban a tener. No parecían, desde luego, los típicos discos que acaban formando más y más bandas jóvenes, en oleadas inagotables. Y, sin embargo, ahí estaba ya todo, y en muy poco tiempo desde la salida de las primeras cumbres: en 1999, cuando Kevin Drew y Brendan Canning montan su grupo, era a ese post-rock (especialmente, al que simbolizaban Tortoise) al que querían imitar.
Feel Good Lost, el debut del grupo, se editó en marzo de 2001, y se comenzó a grabar apenas dos meses antes en el sotano de la casa de Drew, colocando set-ups amateurs, cambiándose entre múltiples instrumentos (¿Cuál lleva la voz cantante? Ninguno, y así será gran parte de la vida del grupo), pisando pedales para encontrar su propio hueco experimental. Durante toda esa época, y aún tardarían un tiempo, Broken Social Scene eran simplemente un dúo, y uno en el que lo escuchado y asimilado del post-rock chocaba con el descubrimiento de Brian Eno. Por eso, Feel Good Lost parece, a ratos, un disco de ambient.
Y aunque haya ya canciones que aspiran a más y que, para ello, necesitarán también más gente (aquí invitan a Feist para la parte vocal de ‘Passport Radio’), durante las noches de esos dos meses de 2001, Drew y Canning realmente creyeron que su música podían hacerla ellos dos solos. Su música licuada, en ocasiones hasta stereolabica, sus canciones tratando de descubrir caminos que no estuviesen cortados (’Blues for Uncle Gibb’), sus experimentos cubistas (’Stomach Song’)... todas esas cosas tienen mas que ver con un grupo que no existió apenas, y que dio paso, rápidamente, a otro indudablemente mejor.
Al escucharlo grabado, Broken Social Scene se dieron cuenta de que necesitaban ser más: mucho más y muchos más. Y un disco OK inauguró una carrera que sería bastante mejor.
You Forgot It in People (2002)
El primer golpe maestro de You Forgot It In People es insinuar que va a ser lo mismo que el debut y, dos minutos después, destrozar los restos ambient contra un muro de noise-pop, el de ‘KC Accidental’, que podría haber vivido en Clouds Taste Metallic de Flaming Lips. Es una canción de idea y vuelta, circular, y épica no por buscar lo gigantesco, sino por intentar domar el caos. Cuando desparece, escuchas su violín: ¿siempre había estado ahí?



