(Este artículo está dedicado a Rumsas que para algo lo solicitó)
En la comedia romántica Amor Rye Lane, de hace unos pocos años, una parte del argumento giraba en torno a dejarse un disco de A Tribe Called Quest en el apartamento de una ex-pareja, y que era importante realizar un plan de atraco para recuperarlo. Un elemento que es parte del encanto de dicha película, pero también de lo normalizada que está la cultura del hip hop dentro de la vida cinematográfica, así como el amor por ella.
El cine, mayormente estadounidense1, ha sentido curiosidad por el género del hip hop antes de que este se volviese una fuerza mainstream. Porque ya sabemos que cuando algo es lo bastante popular, en Hollywood se explota de una forma u otra. Pero cuando su cultura estaba emergiendo, tanto los márgenes como estudios establecidos empezaron a echar miradas, algo que no ha sucedido con muchos otros géneros musicales.
Desde ahí, la música rapera fue volviéndose una presencia en el cine que muchas veces no alcanzaba cotas masivas, sobre todo por la poca publicidad que se termina haciendo a nivel internacional del “cine negro”. Pero hay títulos de culto muy celebrados, algunos marcando una imagen visual y sonora clara de las épocas en las que surgieron junto con los videoclips que reventaron en el momento.
Ha habido documentales explorando la historia del hip hop. Ha habido raperos estrella que intentaron ser también estrellas cinematográficas en películas que muchas veces han sido disparates2. Ninguna de esas cosas va a tener presencia en este repaso histórico que va a intentar capturar cómo esta música y la cultura han tenido presencia en el cine, y hasta qué punto la han configurado.
Graffitis, breakdance y algún micro
El hip hop surgió en los setenta como cultura marginal local, y casi refugio para las comunidades negras de los guettos. Con el éxito de ‘Rapper’s Delight’, Kurtis Blow y ese momento donde Debbie Harry rapeaba en ‘Rapture’, el mundo ya empezaba a conocer lo que era. Afrika Bambaataa luego delimitó en qué consistía a través de cuatro pilares importantes3: DJing (o turntablism) para sostener el aura, MCing (rapping) de mecanismo oral, Graffiti como expresión visual y el Breakdance una consecuencia física.
Las primeras expresiones del Hip Hop en el cine terminan reflejando estos pilares, aunque en su mayor parte las dos últimas por ser las más cinemáticas, así como más proclives a seguir fórmulas reconocibles. Wild Style fue en 1982 la primera película narrativa y de ficción sobre hip hop, con los graffitis siendo el elemento que desencadena al resto y ofreciendo un pequeño retazo de vida callejera que surge a partir de la cultura. Charlie Ahearn emplea un estilo narrativo más libre y puro que no parece perseguir convenciones para hacerla más vendible, y cojea más cuando intenta elaborar melodrama urbano a través del artista Lee Quinones que carece de dotes interpretativas.





