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Liner Notes

Liner Notes #14: Suede - Dog Man Star

Solos, pero forrados

P. Roberto J.
Jan 29, 2026
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Liner Notes es una sección de Hipersónica que intenta entender mejor el por qué, cómo, quién y dónde de los discos. Homenajea a los antiguos libretos, perdidos o arrinconados en la era digital.


Qué guay ser estrella del rock, qué sueño cumplido. Has ayudado a montar una escena vibrante, todos los chavales jóvenes que han ido a tus conciertos ahora tienen su grupo (y eso que les sacas... ¿qué? ¿un par de años a la mayoría? ¿unos meses?) y de repente Inglaterra vibra de nuevo con cientos de bandas saliendo por cada rincón.

Has lanzado un debut amado, vendido, y con el que puedes intentar el salto a EEUU, que ya sabes que siempre es complicado para un grupo británico pero que si te sale bien, te hará eterno. Y empiezas una gira por allá, mientras le das vueltas a cómo quieres que sea tu segundo disco.

Qué maravilla eso. Hasta que todo deja de serlo.


En el caso de Suede, todo dejó de molar a finales de 1993, en el segundo tour que el grupo hacía por USA (los London Suede se llamaron allí, para no colisionar con otra banda). Suede se embarcan en septiembre en la gira, y casi a la vez, a Bernard Butler, guitarrista e ideólogo musical del grupo, le llega la noticia de que su padre ha muerto. El grupo cancela la primera semana del tour, pero luego decide continuar, mirar hacia adelante; una decisión que marcará para siempre a la banda.

Mientras giran, se abre una brecha: por un lado, Brett Anderson y los otros (Matt Osman, Simon Gilbert), viviendo la vida loca de ser semi-estrellas que se creen estrellas con mayúsculas. Por otro, Bernard Butler, aislado, viajando lo más solo posible, intentando evitar al resto, hasta eligiendo viajar en el autobús de los teloneros, The Cranberries, o pillando un taxi con tal de no verles. Unos, encamados ya hasta la nausea con la droga y el rock’n’roll way of life, creyendo que es justo eso lo que hace mejor cómo escriben las canciones. El otro, hecho mierda, hastiado por los excesos púberes de sus antiguos amigos, incapaz de entender, además, que la prensa británica adore hasta la locura a Brett, a ESTE Brett.

Para cuando la gira acaba, ya no existe Suede. Existen el Suede de Brett y el Suede de Bernard. “Happy People London Suede” o “Fuck The World and specially my old friends ídem”.


Así que en el estudio, desde el 22 de marzo de 1994, conviven dos almas mientras Dog Man Star va cobrando forma: Bernard Butler graba por las mañanas, Brett Anderson, por las tardes y noches. Coinciden poquísimo, debería haber salido el mayor de los desastres, porque también tienen visiones totalmente distintas sobre cómo seguir siendo Suede.

Ed Buller, de nuevo elegido productor de disco, se arrima a Brett. Quieren un disco que sea masivo, que contenga la dosis adecuada de canciones-que-pueden-ser-éxito. Pero Butler, de 9 a 5, todos los días, ya no puede frenar la sensación de los últimos meses: ha estado enganchado a los cuatro primeros discos en solitario de Scott Walker y quiere replicar esa idea: el lujo y el dolor, la soledad cantada como el mejor de los crooners.

A Brett también le han absorbido esos discos, no todo está roto. Así que ése es el hilo sobre el que se tejerá el último disco de Suede, el último que les une, el único con el que intentan recomponerse. Avanzan sobre esa línea: se pasan discos, llegan a ‘If You Go Away’, al fantasma de Jacques Brel. Nadie sale de allí como había entrado, y Suede salen firmando ‘The Wild Ones’, la mezcla justa entre hit ineludible y drama pop.

Pero quedémonos en el tramo final de ‘The Wild Ones’: cuando el medio tiempo magnífico, la joya encantadora que, como oyente, te atrapa. El último minuto, construido sobre los “If you stay“. Cómo engarza el silencio final, mayor de diez segundos, con ‘Daddy’s Speeding, que es una balada, pero a la vez también es una canción gloriosamente experimental. Y, a ratos, ridículamente ambiciosa. ¿Seguro que el cantante de un grupo al borde de disolverse para siempre gasta días, toma tras toma, en encontrar la manera de que una palabra (la “speeding” del título) suene como un “coche plateado acelerando”)

Quedémonos en toda esta ambición absurda. Y respiremos. Ahora que han pasado tantos años podemos hacerlo, porque sabemos que lo último que les unía les acabará rompiendo para siempre. Y que mereció la pena.


Los “Suede del último disco en que fueron los primero Suede” (y me tenéis que perdonar la complicación) no salen de la nada: en el debut existió ‘Pantomime Horse’ y en los singles ‘To The Birds’: había ya idea de que podían ser un grupo infinitamente más complejo y enrevesado que el que asomaba en ‘Animal Nitrate’. Pero el problema era hasta dónde llegar, y esa será la tijera que rompa el hilo fraternal de Anderson y Butler.

Si esto fuera una película, ahora sería el tramo de escenas que muestran la tensión para grabar ‘The Asphalt World’, con Butler acabando su ronda de trabajo (de 9 a 5, recordad; todo el rato de 9 a 5) justo a tiempo para enseñarle al resto del grupo que la canción tenía que durar 25 minutos, y que contendría un solo de guitarra de ocho.

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