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En 202 discos

Los 90 en 202 discos (#1)

Describiendo la eternidad

P. Roberto J.
Aug 22, 2026
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(“En 202 discos” es una sección que sólo tiene dos reglas: sólo se eligen 202 discos para explicar una década o un género y ningún artista repite disco. Todas las demás que pudiese haber se las salta. Incluso alguna de esas dos a veces. Pretende recomendar, no canonizar. Y va lentamente, a cinco por día, porque está pensada para que escuchéis los discos, no para listarlos.)


The Breeders - Pod (1991)

La elección oficial suele ser Last Splash. Lo entiendo: no sólo tiene ‘Cannonball’, sino el sonido de cómo debería ser un disco de indie-rock casi masivo de inicios de los 90. Es definitorio de su época, además de por tener estupendas canciones, por fondo y forma. Pero Pod es otra cosa, y he peleado conmigo mismo (¿a quién quieres más, a mamá o a papá?) hasta descubrir que lo que el cuerpo me pide, la cabeza también y, por supuestísimo, el corazón me dicta es encumbrar el debut de The Breeders precisamente por ser tan irrepetible y personal.

Pod es, por encima de todo, una liberación. Sometida a la curiosa manera que tenía Black Francis de entender la idea de un grupo, eclipsada y acogotada tras ‘Gigantic’, Kim Deal necesitó salir de los Pixies para demostrar (a los demás, y a ella misma también) que era una compositora acojonante. Para la aventura, en la que ya estaba su hermana Kelley (aunque aquí no grabaría: no le dieron permiso en el trabajo), llamó a otra “tapada”. Con Tanya Donelly había compartido risas en las giras conjuntas entre Pixies y Throwing Muses... y también frustraciones por no poder escapar de la sombra de Black Francis y Kristin Hersh, respectivamente. Así que, a la salida de un concierto de los Sugarcubes, echándose unas birras y entre risas, decidieron montar un grupo de música disco para hacerse ricas y famosas. Por supuesto, el tipo de música que sabían, y querían, hacer era uno muy, muy distinto.

Y es curioso: The Breeders, que nacía como liberación, tuvo que organizarse de una manera muy concreta por las reglas, rigidísimas, de la industria discográfica. Al estar sus bandas en sellos diferentes, Pod no podía contener canciones de las dos, como en principio tenían en mente. El acuerdo entre Tanya y Kim fue decidir que el debut contendría las de Kim Deal, y el segundo disco, las de Tanya Donelly. Nunca ocurrió, porque los compromisos de Kim con los Pixies fueron retrasando más y más la grabación de ese segundo disco, tanto que Tanya acabó lanzando sus canciones en el debut de Belly. Y aun así, nunca hubo rencor ni rencillas. Es más, la grabación de Pod fue el espacio seguro para todos los allí presentes y el espaldarazo moral tanto para Kim como para Tanya.

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