Hipersónica

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Disco a Disco

Prince en los 80, disco a disco: los discos que dominaron la Tierra

Una boca como la tuya

P. Roberto J.
Jul 06, 2026
∙ Paid

Some say a man ain’t happy
Unless a man truly dies
Oh why
Time, time

Dejadme decir que Prince se murió pronto por muchas cosas: por la edad, sí, se murió con 57 años pero también porque, cuando llevas desde los 90 enganchado a su obra (a la buena y a la mala) y viendo cómo, poco a poco, se le trata como mero chiste… siempre albergas la esperanza de que llegase el momento de la venganza de Prince. De un manotazo, con otro disco de los que te asombran. Él, que había demostrado tantos años lo absolutamente excepcional que era (por bueno, sí, pero también por fuera de lo común), podía volver a hacerlo, de manera que sus fans saldríamos de la cueva para decir “os lo dijimos, hijosdeputa”.

Bueno, si quisisteis escuchar, lo hizo en parte: en sus últimos discos había muchas sorpresas escondidas sepultadas por el desdén de “aquí viene otra vez el raro”. Y algo hay que reconocerle: raro lo fue a propósito, como el que más, queriendo que en su música se reflejase todo ese carácter excéntrico que le hacía sentirse sexy (qué tío, qué portada la de Lovesexy). Mientras gente como Rick James afrontaban, desde una Motown en horas ajas, los años 80s apostando por el escándalo precocinado… Prince era un escándalo en sí mismo. Y su música, un auténtico escandalazo. De buena, claro. Y del sexo que supuraba también.

Dirty Mind (1980) / Controversy (1981): Recibiendo los 80 con la boca sucia

A Prince se le llamó “genio”, en los 80, porque casi desde el comienzo de su carrera, hizó un órdago a grande. Apostó a mezclarlo todo, y si tenía que tocarlo todo también, lo hacía. Los 80 son su década, su época mágica, sus dominios. Los 80 de Prince son una sucesión de maravillas que te obligan a arrodillarte: son el mainstream implosionando y haciéndose más grande (recordemos que la crisis de la Disco Music estuvo a punto de tumbar a toda la industria) gracias a un tipo indefinible y orgulloso de serlo.

Decíamos que Prince lo tocaba todo, y su primera incursión en los 80 lleva esa impronta. Dirty Mind (1980), su tercer disco, lo grabó en su casa así, follándose las barreras de los géneros para unir el funk y el sonido motown, tan negros, con la new wave, bastante más blanca. Le salían así jitazos (‘Where You Were Mine’), funk adelantado dos décadas (‘Dirty Mind’) o hasta rock&roll. No, nada de sólo rock: el roll, el de contonearse y enseñar la bestia parda que puedes ser, estaba muy, muy presente. Porque sus discos hablaban de tríos, de mamadas, de irnos a la cama y de no salir de ella hasta que estemos agotados. Parental Advisory Music: le habría venido guay la etiqueta. Dirty Mind deja ya trazas de lo absolutamente poderosa que es su voz, tan llena de matices (‘Gotta Broken Heart Again’) y de lo mucho que las canciones se le van a la pista de baile (‘Partyup’).

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