¡Valladolid, buenos días!
No abro el Instagram nunca más que para ver los reels de cuatro amigos que me interesan de verdad (y de los que sólo puedo saber por ahí, o llamándoles directamente; debería llamarles) y los reels que me pasa mi pareja. Con ellos ya tengo el contacto de sobra con Mundo Algorítmico. Aún así, siempre acabo picando en algo más: al fin y al cabo, es la esencia de IG; antes de que pienses ya te ha lanzado lo siguiente que debes consumir para que no te vayas. Y, claro, me lanza videos sobre música.
Lo que veo me aterra y me asquea: tops de discos en los que el influencer, frente a la cámara, pasa en menos de cinco segundos por cada disco para no aportar nada real, sólo frases vacías. O reflexiones supuestamente sesudas en formato texto-imagen en carrusel, bien trufadas de anglicismo y que, por supuesto, sólo tienen que ver con la última memez que está impulsando el algoritmo de la plataforma. Gente que parecía tener criterio diciendo gilipolleces fotocopiadas, cada día con una nueva HOT TAKE cogida por las (franki)pinzas. Otra gente que siempre tuvimos claro que no tenía criterio diciendo hoy lo contrario que ayer porque, total, ni siquiera tiene explicarlo a fondo. Los que miran Rateyourmusic y fusilan las opiniones mayoritarias que se ven por allí en todos y cada uno de los videos que graban porque lo más relevante no es el qué, sino que haya otro cuanto antes. O esas personas moviendo la cabecita al ritmo de “diez discos imprescindibles”, sin decir por qué sí o algo siquiera, cuál es su postura al respecto; ah, y sí: los discos son los de siempre. Grupos comentando en los videos de repaso de los discos del mes “ey, gracias por hacernos caso” cuando el chaval no ha dicho una puta mierda que no sea genérica sobre tu disco, simplemente lo ha apilado junto a los otros 60, 70, 100 que ha escuchado (y a ti te ha puesto el 58, ¿no te da algo así ni, como mínimo, para cagarte en dios?). El que te cuela afiliación de Amazon o de Tiktokshop mientras te recomienda basura dropshippeada. El que se cree que por dedicarse a hacer playlist clónicas de las ya millones que existen sin explicar nada más ya añade algo. El que lleva vendiendo la misma moto desde los blogs: nunca se entera de nada, pero ahora va de prescriptor. La cuenta que recopila imágenes de archivo histórico con ganchos rimbobantes (el primer concierto de no sé quién, el día en que Fugazi se colgaron de una canasta, la canción que lo cambió todo) acompañados de textos larguísimos de información random, generados por la bazofIA y plagados de generalidades y errores. Y ahora, las que lanzan infografías de mierda repletas de errores extraídas directamente y sin revisar de NotebookLM ante las que los propios artistas no saben ni qué decir:
“Penélope Trip: canción de amor, drogas de diseño y una actitud que marcó a toda una generación“. Sí, es para cabrearse. Y no por no estar solos en esta sensación nos sentimos mejor: el panorama es para lanzarse por la borda.
Todos esos mismos influencers, nuestros poetas, andan asegurando que ellos no lo hacen por ganar alcance, que la música es lo más importante. Comparte, por si acaso. Y, mientras, hace unas semanas, otra publicación que se muere: Veeps y Live Nation compraron BrooklynVegan, entre otras, para, poco después, despedir a toda la gente que la hacía1.
Es un panorama deprimente. Nuestros poetas, los influencers de música, no añaden nada de valor: sólo superficialidad para intentar captar la última ola. Si mañana se impone (les impone la plataforma) que hagan videos hablando haciendo el pino puente, los grabarán, porque tampoco es tan difícil soltar diez, veinte palabras sobre un grupo en cualquier postura si las palabras están vacías. Y ha ido más lejos: los propios grupos se comportan así en sus propias publicaciones, y en los comentarios de otros, porque… si no, ¿cómo van a crecer?
Crecer, crecer. Es MUY importante crecer, que hoy en día llamas para pedir espacio en una sala de conciertos y, además de decirte que, como poco, es para dentro de diez meses, que tiene los nueve meses anteriores pillados para grupos tributo, lo segundo que te preguntan tras “¿quién eres?” es “¿y cuántos seguidores tienes en Instagram?”.
Las redes están llenas de estupidez y no es casual. Sostiene Ed Zitron, el profeta del IApocalipsis, que “los mercados y los medios están tan acostumbrados a mimar y ensalzar a una clase ejecutiva sin ideas, mediocre y soporífera que era inevitable que surgiera una tecnología que no se basara en su eficacia real, sino en la apariencia que da para esa élite directiva y la apariencia que podría dar a sus estúpidos amigos“. Por eso no hay nada en la IA que haya dado un negocio perfecto y sostenible a largo plazo, sino que, como mucho, encontramos cosas que medio-funcionan (o, directamente, funcionan rematadamente mal; te miro a ti, Google AI Overviews).
También nuestros influencers de música sólo “medio-funcionan”. La mayor parte de ellos son sólo trampantojos: cuanto más te acercas a sus videos, todos iguales, todos dictados por lo que el algoritmo esté empujando, más vacíos les ves, más sabes que te están colando desconocimiento general, canon blandurrio y opinión fotocopiada como “algo propio y único”. Porque, aquí también, todo se basa en la apariencia que dan. Les gusta la música como ése al que le preguntas "¿qué música te gusta?” y te responde “Toda”. No, mira, una mierda: Merzbow no te gusta. Les gusta que parezca que saben de música2.
Mecagonmivida, es insoportable que seáis tan aburridos. Que tengáis a vuestra disposición más herramientas que nunca para saber lo que ya se ha contado y poder aportar algo propio y que os dediquéis a decir TODOS LO MISMO, la generación más vaga, menos creativa y sin ideas de la Historia. Los autodenominados “creadores de contenido” que eligen hacerlo mediocre y soporífero. Que una semana, según todos, vuelva el catolicismo y la siguiente, La Casita de Bad Bunny sea la nueva Iglesia. Y que mientras tanto finjáis que escucháis 80 discos al mes y que el texto en el guion de los que colocáis como imprescindibles sea casi igual que el de los que ponéis abajo.
Sois malísimos, que no dais ni para discutir nada de lo vuestro: sólo vuestra propia presencia. Que si borramos el archivo de Instagram de la faz de la tierra no habremos perdido ni una sola aportación buena. Porque los pocos poetas buenos que hay ya están en otro lado; aquí en substack muchos (el futuro ministro Viernes en Kiribati recogía algunos de los que nos gustan tanto que los consideramos el Universo Expandido Hipersónico), algún otro en Patreon como DocJota. Es cansado tener que ir buscándolos por todos lados como dice nuestro querido DiscosFUP, pero es hora de admitir que la centralización de internet en plataformas ha provocado el gran VACÍO de nuestro día a día, el auge del slop humano y la bazofIA chatgptera, y sólo nos ha aportado comodidad. Para eso, me compro un sofá nuevo.
Las grandes redes nunca fueron sociales, sino redes comerciales, y sus creadores de contenido sólo hacían mierda aburrida de marketing y promoción. Suya o de otros, pero promoción al fin y al cabo.
El trend estos días ha sido el de la muerte de los influencers. Que se mueran de verdad y nos liberen de este peso. Qué malos son nuestros poetas, rediós.3
Los jitazos de la semana
Para empezar el día, la ración de las canciones y jitazos de la semana ya está actualizada en la plataforma que uses.
A través de este link podrás acceder a la lista tanto en Spotify como en Qobuz, Tidal y Apple Music.
Además, iremos recopilando todos los jitazos del año en playlist aparte en Spotify, Tidal, Apple Music y Qobuz.
Pausa para minutos cinéfilos
El sube-baja Hipersónico, ahora más bajonero que nunca
👎 Dr Slop Dre.
👎 Pinta a que Yves Tumor. En Twitter y su subreddit salen acusaciones por doquier.
👍 La productividad de Big Thief.
👎 Estados Unidos, porque ni a Richard Lloyd le pueden tratar de cáncer.
(“Valladolid, buenos días“ es una canción de El Niño Gusano. También es una sección de actualidad de Hipersónica. En 15 minutos, estarás al día de lo relevante en nuestro terreno. Cada lunes, miércoles y viernes en tu buzón de correo o en la web de Hipersónica.)
Por supuesto, luego han seguido publicando cosas. Todas para vender algo y todas hechas con texto generado por la bazofIA.
Sostengo que sólo te gusta realmente la música si te disgustan también determinados grupos, estilos, canciones. Si este es un espacio sensorial y emocional, ¿cómo va a ser que absolutamente todo te parezca bien?
Por cierto, la vuelta de anti es la re-hostia (también la pre-vuelta) y te pones cada uno de los discos de Penelope Trip y aún parecen la cosa más fresca que ha existido, durante el tiempo que suenan. Y encima todavía tendríamos que hablar de los discos de Telefilme. Gracias, Tito, por tanta canción de amor, drogas de diseño y una actitud que marcó a toda una generación.







