Harrison Ford Fiesta – Harrison Ford Fiesta

El catálogo de Foehn Records es probablemente uno de los mejores del panorama nacional. Año tras año, el sello barcelonés se empeña, con admirable tozudez, en publicar algunos de los trabajos más solemnes y exquisitos

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El catálogo de Foehn Records es probablemente uno de los mejores del panorama nacional. Año tras año, el sello barcelonés se empeña, con admirable tozudez, en publicar algunos de los trabajos más solemnes y exquisitos de la temporada. No siempre acierta, pero sí regala al menos dos o tres pequeñas joyas de orfebrería al año. En mi caso, la que con mayor pasión me ha cautivado durante las últimas semanas es Harrison Ford Fiesta, grupo local que se maneja tanto en francés como en inglés, con referencias de lo más variopintas, cuyo resultado final es simple y llanamente Folk, elegante, personal, oscuro y riquísimo. Una preciosidad.

Dado que el compositor principal del grupo es francés, y dado que parte de Harrison Ford Fiesta (Foehn, 2015) se desarrolla en la lengua de Julio Verne, es lógico que aquí y allá las sospechas se hayan disparado. ¿Canción melódica en francés? Uhm, eso nos debería dejar un puñado de sospechosos habituales: Brel, Gainsbourg, Aznavour, etcétera. Sin embargo, creo no deben acaparar todos los paralelismos: en todo caso, se trata de nouvelle chanson, y es obvio que sus referencias sonoras se extienden a otras latitudes, a la psicodelia, a fugaces y ligeros destellos de Neofolk si cabe. Con todo, el primer nombre que expelió mi cerebro tras escuchar los acordes iniciales de ‘Crèdit Agricole’, la canción de apertura, fue Bigott. Existe en ambos el mismo ánimo juguetón, la misma voz socarrona y grave, la misma finura revestida de broma y diversión.

Es Harrison Ford Fiesta, sin embargo, algo bastante más oscuro y profundo. Lo acredita no sólo el soberbio ritmo de feria de ‘La Soucupe et le Perroquet’, donde las comparaciones con la canción francesa sí están más que justificadas, sino también ‘Lonely Ben’, pieza de corte pseudo-experimental de más de once minutos que se deconstruye a mitad de camino y en su recta final para convertirse en un homenaje instrumental póstumo y bellísimo a Ennio Morricone. Aquí hay épica, raíces y aires Country. Hay fundamentos que colocan a Harrison Ford Fiesta, pese a ciertos dejes y a lo explícitamente cómico de su nombre, en un lugar altísimo, en una esfera que encuentra pocas comparaciones posibles dentro de la escena española actual.

8/10

El éxtasis final de ‘Lonely Ben’, por cierto, conduce al tono calmado y placentero de ‘The Armchair and the Tentacle’, otro ejercicio de elegancia sobrecogedor. Harrison Ford Fiesta tienen pericia instrumental, tienen a un espléndido vocalista, tienen ideas brillantes y originales y tienen un sentido de la solemnidad, sin caer en el aburrimiento, admirable. Son un pequeño milagro que, por desgracia, tiene todas las papeletas para pasar desapercibido en todo resumen de final de año. A mí, entre tanto, me han rescatado de un puñado de días un tanto grises. Y por ello sólo puedo estarles eternamente agradecidos, a la espera de más canciones suyas en el futuro.

Hardcore will never die, but you will.