Quilt – Plaza

¿Oyes eso? Son Quilt, revoloteando felizmente sobre tu cabeza

Quilt-Plaza

Dada la ostentosa promoción realizada por Mexican Summer, con múltiples anuncios promocionales en Facebook e Instagram —donde la segmentación no es tan específica como en Facebook—, Plaza (Mexican Summer, 2016) debe gozar de gran apreciación en el seno del sello. El cuarto disco de Quilt podría ser, en los foros adecuados, un excelente disco para colorear los días de la predecible primavera. Por ahí han acertado. Sobre su viabilidad comercial más allá del nicho habitual al que va dirigido, las dudas son razonables. Quilt ya era un grupo demasiado especial e intrincado en Held in Splendor (Mexican Summer, 2014) como para que sus cajones de psicodelia sixties, bastante menos evidentes de lo que sus singles más reconocibles puedan sugerir, cuajen de forma efectiva entre un espectro de público amplio.

Esto es bueno.

Quilt, de hecho, son un grupo de estupenda estampa. En Plaza mejoran todo lo que ya habían apuntado en Held in Splendor y dotan al conjunto de algo esencial en un grupo que, por lo demás, juega en el registro almidonado y en permanente eclosión del pop: aquí hay canciones, mucho antes que ideas sin concretar. La mayor parte de los cortes de Plaza se degustan con delicadeza y fluyen como las olas, muriendo, lentamente, en una playa baldía. Allí se dirigen los “oh, oh, oh” del estribillo de ‘Eliot St.’, primer single y, sin duda, canción más inspirada de todo el conjunto. Una balada de corte clásico con la dosis exacta de arreglo ornamental para resultar exquisita pero no hortera, lo suficientemente melancólica en el puente como para no caer en la fría frivolidad de, digamos Real Estate. ¡Era por aquí, chicos, por aquí y no por Atlas (Domino, 2014)!

A Quilt les ha salido en Plaza todo lo que Real Estate andaban buscando en Atlas, sin éxito. Folk de corte artesanal, psicodelia ligera, elegancia a raudales. El buen camino tras dos discos muy correctos

A continuación, por desgracia, Quilt incurren en la suerte de melodía saltarina y, ejem, de abuelas que podría inspirarse directamente en las peores composiciones de Paul McCartney. Pero no hablamos ese melón justo ahora, y centrémonos en el resto de Plaza, que tiene mucho y muy bonitas cosas que ofrecer. La recta final del LP vuelve a ser encantadora, con su punto soleado, sus canciones con falsete —’Something There’ y el espíritu de aquellos Woods, mirando al sol sin quedarse ciegos—, su Folk de corte artesanal —’Padova’—, sus aires Dream Pop —’Your Island’—, y su reglamentaria recta final bordeando el trance y la jam session, en la medida de lo posible para un grupo de sus posibilidades —¡Temples!—.

En Plaza todo funciona como la seda, incluso el inicio preñado de arreglos de viento —también conocido como la-puta-flautita— de ‘Passerby’. Hay canciones relajadísimas y de una elegancia insospechada en sus anteriores trabajos, y también hay un puñado de composiciones vivaces y de muy-por-encima-de-la-media resultado revisitando los lugares comunes de la psicodelia de los años sesenta. Es, en fin, la clase de disco con la que cabría empezar el año del mejor modo posible.

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