Woods – City Sun Eater in the River of Light

Hay pocas certezas futuras. Woods es una de ellas

sun city

Tiempo ha de aquellos Woods añorados por tantos y enclaustrados en un pasado de oro. El sonido casero, el amor por los pájaros y los sonidos del bosque, la autoproducción, la hiperproductividad, todos aquellos atributos de un grupo devoto de conceptos tan frugales como la juventud, la naturaleza, la luminosidad y la imaginación de corto recorrido. Aquellos Woods de juguete alcanzaron su indudable cima en el maravilloso At Echo Lake (Woodsist, 2010) y se dieron un último respiro, un homenaje tardío, en Sun & Shade (Woodsist, 2011). A partir de entonces, Jeremy Earl comprendería que su particular galaxia creativa había quedado explorada en sus cuatro esquinas, y que poco podían aportar Woods a su propia identidad si seguían anclados a los mismos presupuestos sonoros.

Fue una fantástica decisión. El mundo perdió, quizá, al grupo más especial de su generación, pero ganó otro de proyección infinita que, cada dos años, abandonado el fulgor de la creación incesante, se deleita en discos canónicos, capaces de revisitar todas sus referencias históricas sin permitirse el pecado de enclavarse en alguna de ellas. City Sun Eater in the River of Light (Woodsist, 2016) es la enésima muesca en el revolver de Earl, otro canto de cisne de un grupo que siempre parece tocar diciendo adiós, saludando con la mano, pero que, por el momento, siempre termina regresando al otro lado de la esquina. Qué alivio y qué placer, Woods, encontraros de nuevo en canciones como ‘Hollow Home’, un adiós dulcificado que cabría en cualquiera de vuestros discos pero que llega precisamente ahora. Un llanto de pura felicidad que sólo podíais firmar vosotros.

Woods, del revés, como nunca, como siempre

Es pertinente empezar poniendo a City Sun Eater in the River of Light del revés porque, un año más, Woods han optado por jugar al gato y al ratón en sus adelantos. Primero con ‘Sun City Creeps’, un reverso pausado y ennegrecido de ‘With Light And With Love’, que afirmaba no sin pompa beber del Funk o del amplio abanico de músicas africanas. Y algo había, era innegable, especialmente en aquellos destellos emitidos por los arreglos de vientos, poco dados hasta ahora a las epifanías psicodélicas de Earl. Es la cara de la moneda: ‘Sun City Creeps’ se perfila como el-camino-a-seguir y las mil y una posibilidades que Woods, un grupo instalado en una frontera difusa que abarca desde la psicodelia de los sesenta hasta el Folk Rock, pueden elegir en el corto plazo. Más aún cuando aparece ese puente instrumental, dentado por la muy reconocible guitarra de Earl, que deja el susurro final, pura tensión, a punto de reventar la canción. No lo hace, porque esto no es ‘With Light And With Love’: aquí sólo hay nervio, nada de catarsis.


Sucede más o menos lo mismo en ‘Can’t See at All’, que vuelve a dejarse llevar por derroteros oscuros de la mano de un organillo omnipresente que sirve de enlace entre estrofa y estribillo. Llegados aquí, merece la pena destacar algo sustancial a la música de Woods: es reconocible en cada acorde, y sin embargo siempre resulta intensamente novedosa y refrescante. ‘Can’t See at All’ se parece a todo lo que han hecho con anterioridad, pero se antoja complejo encontrarle una canción paralela de igual estructura, tono y composición. Por eso, a veces, es complicado seguir la pista de Woods, más aún si sus adelantos siempre optan por los cortes menos dados a su trayectoria. Lo cual no significa que City Sun Eater in the River of Light sea una celebración de su zona de confort.

‘Can’t See at All’ se parece a todo lo que han hecho con anterioridad, pero se antoja complejo encontrarle una canción paralela de igual estructura, tono y composición. Por eso, a veces, es complicado seguir la pista de Woods

‘The Take’, por ejemplo, sí opta por la exaltación lisérgica tan dada a Sun & Shade o tan poco ajena a With Light and With Love (Woodsist, 2014), solo que esta vez sostenida por un leitmotiv de trompetas sobre el que se articulan pequeños destellos de demencia a las seis cuerdas, continuados trances en forma de coros repetitivos y guitarras rítmicas bañadas en un mar wah-wah. Acto seguido, Earl rememora aquella etapa experimental en la que edificaba sus canciones en torno a ritmos kraut y se lanza al pantano de lo obsesivo en ‘I See In The Dark’, una canción que hace ocho años se le hubiera alargado hasta los nueve minutos y que hoy queda contenida, acuosa y burbujeante, en escasos cuatro minutos. Sin estribillo: todo en formato llamada-respuesta.


Junto a ‘The Other Side’ y ‘Hang It On Your Wall’, son los cuatro cortes menos accesibles de City Sun Eater in the River of Light, y los cuatro más deudores de At Echo Lake (esos pequeños destellos selváticos que se escuchan de fondo en ‘Hang It On Your Wall’). Si existía cierta base consistente en quienes se alejaban de Woods hace dos años clamando por su traición al espíritu que les había llevado hasta allí, a las piezas de recreo donde la psicodelia no era tanto un camino por el que llegar a otros lugares sino un método que merecía exaltación por sí mismo, no la hay aquí: City Sun Eater in the River of Light es un disco que se agarra como nunca antes al garaje y a la psicodelia, solo que mejor producido. Los Woods de siempre están ahí, agazapados. Sólo hay que prestarles atención.

Los contrastes en el valle de la luz

Ahora, es sólo el 50%. El resto se despliega con la misma sonrisa risueña y soleada de Bend Beyond, de ‘Leaves Like Glass’, del clasicismo un puntito demodé de ‘Full Moon’, en una capacidad asombrosa para transitar entre la vanguardia y la fórmula radio-friendly, entre el oído ávido de nuevas inspiraciones y la audiencia paternal incapaz de conectar con la música del presente pero, ay, tan, tan feliz en las canciones de Woods. Si ‘The Take’ es la cara, ‘Morning Light’, melosa y edulcorada como ella sola, es la cruz: lo fantástico de esta moneda es que da igual hacia qué lado caiga, siempre nos hace ganar la apuesta.


Un disco carente de contrastes y centrado en ‘Morning Light’, en una zona de aún mayor confort, podría resultar estomagante. Por suerte, el resto de cortes amables y descaradamente pop del disco se aventuran en otros terrenos. ‘Creature Comfort’ se lanza de cabeza a la gigantesca y muy resbaladiza piscina de los setenta y sale indemne por la vía Rodríguez (!), pero mejorando lo presente, en un relato casi costumbrista y cotidiano que se desliza sin aspavientos, controlado con firmeza por una cadencia lenta y apenas alterada a través de golpes de guitarra, estribillos simplificados por la vía del “la-la-lá” y una razón de ser dedicada en exclusividad a la felicidad. Esta, por cierto, es otra canción en la que Woods siempre parecen esquivarse a sí mismos al tiempo que regresando a todos los paisajes de su discografía. Tienen una capacidad de no-mutación fascinante.

Así que entre constelaciones y ritmos tropicales, a la sombra de una palmera, Woods se despiden, como llevan haciendo toda la vida, para saludar aquello que esté por venir. Tras el enésimo soberbio disco de estudio, a Woods se les dice adiós con entusiasmo, con lágrimas y sonrisas

Y luego, ‘Politics of Free’ y ‘Hollow Home’, de la que partíamos en el segundo párrafo. Ay, ‘Politics of Free’ y ‘Hollow Home’. Es aquí donde ya desisto de escribir desde un punto de vista racional y me entrego sin reparos, derretido, en manos de Woods: una finísima colcha de guitarras acústicas, una melodía agridulce y un protagonismo delicioso de la guitarra solista, tan apelmazada como dolorosa, y un puente donde el corazón termina saliendo por los ojos, dirección al sol al que siempre parecen mirar para no quedarse ciegos. Son dos canciones que pueden rescatar una vida, al menos durante tres minutos, y que Woods siempre tienen a bien regalarnos cada dos años. Si todo lo anterior resultara insuficiente, ‘Politics of Free’ y ‘Hollow Home’ les redimen de todo pecado.

9/10

Así que entre constelaciones y ritmos tropicales, a la sombra de una palmera, Woods se despiden, como llevan haciendo toda la vida, para saludar aquello que esté por venir. Tras el enésimo soberbio disco de estudio, a Woods se les dice adiós con entusiasmo, con lágrimas en los ojos y en las mejillas, a punto de recorrer la comisura de los sempiternos y curvados labios, y rezando porque el tiempo de espera sea el menor de los posibles. Hay pocas certezas en el futuro cercano, pero una de ellas, al menos a base de costumbre, parece la de Woods, cada dos años, caldeando el espíritu con una fidelidad inquebrantable. Vivan ellos.


Hardcore will never die, but you will.

  • Magnitud

    Nada, otro discazo. Les salen tan bien como siempre los temazos a la Politics of Free, como Sun City Creeps o The Take. Nada que decir… nos vemos en dos años.

  • Jorge

    Más completo; más lleno que With light and with sun. Desde la pista 4 hasta I See In The Dark me parece una progresión digna de genios, sin olvidar el ritmo rege y el guitarreo de Sun City Creeps. The take es una absoluta maravilla. En fin, gracias por todo, Woods.

  • Bauhauser

    Vaya 9. Sí que es discazo pero es que para mí el With Light and with Love es lo máximo.

  • Serge

    Estos juegan en otra liga. Discazo.

  • Diego Duarte R

    Mi disco favorito de Woods, el mas inmediato, el que no deja espacio al aburrimiento, el mas explorativo, de mis discos del año.

  • Flacao

    Discazo! Como leí por ahí; disco tras disco siguen soñando sólidos y frescos. Lo mejor del año por ahora.

  • carlos

    Discazo, increíble cómo se superan en cada trabajo nuevo.