El tamaño sí importa (LXXX): ‘Lucifer’s Symphony’, de Japandroids

La juventud convoca a Satán

Japandroids

En su último post de facebook, a finales de 2013, Japandroids anunciaban que después de una mastodóntica gira de Celebration Rock (Polyvinyl, 2012), iban a tomarse un descanso. Hasta el día de hoy, no hemos vuelto a saber de ellos. Y el pueblo quiere saber. De hecho, no hay más que ver los mensajes que han ido llegando progresivamente en ese post. Hasta hace escasos días, la gente les ha pedido que vuelvan. Se lo ha exigido. Lógico. En muchos sentidos, Japandroids son uno de esos exponentes que hemos tenido en los últimos años que representaban la juventud con el espíritu de Cloud Nothings, Titus Andronicus o No Age. El espíritu de sus canciones, frenéticas, explosivas, hablando de la vida, del amor, las miserias y las fiestas, es algo bastante común en todos ellos.

Pero Japandroids tenían algo diferente. Cada uno de ellos tiene sus elementos diferenciadores del resto, pero desde luego, el dúo canadiense es de los que más fuerte pegó en el momento de debutar. Su ira incontenida, la sensación de coger una curva a 200 km/h sin posibilidad de encarrilar el coche a tiempo, como cualquiera de tus fines de semana, nos representaba. Cada una de sus canciones ya rezumaba olor a himno en sus primeros acordes. Pero no uno de esos himnos de estadio que conoce hasta tu vecina del quinto, uno de esos himnos del día a día, de los de volverse loco cuando te lo ponen en el bar y de los de darse hostias en el pogo más cercano cuando suena el primer acorde. Si a eso le sumas la saturación de sus distorsiones, rodeándote de un aura noise, el resultado es el que es: que tres años de tu parón y aún siguen dándote por saco para que vuelvas.

We know what you’ve done
We know what you’ve done

There’s no blood on me

Our daughters
Our sons
The future is
Your fun

Japandroids construyeron canciones especiales, temas que alguna vez más de uno nos habremos tatuado mentalmente. Sin embargo, y como pasa con tantas otras bandas, hay temas excelentes que no llegan a entrar en los discos de estudio principales y quedan apartadas en un caras B. La mayoría de veces con el riesgo de caer en el olvido. En el caso que nos ocupa, ‘Lucifer’s Symphony‘ se incluyó en el recopilatorio No Singles (Polyvinyl, 2010), en el que quedaron esos temas que no empezaban desde el primer segundo con la efusividad con que lo hacían en los discos. Eso dejaba un espacio para publicar algunos temas que estaban configurados con evoluciones más lentas, que no te pegaran la hostia en el primer acorde.

Hay varias formas de enfrentarse a Satán, se puede hace tirando de épica, a lo Mogwai, o se puede hacer a lo Japandroids. Con una distorsión y un tempo lento en el que se percibe que la cosa va a ir in crescendo, y siendo un tema de los canadienses, sólo podía ser de una forma, con pequeños embistes guitarreros que van aumentando su tensión. Y por supuesto, con esos coros que tanto han definido al grupo durante sus años en activo, que en este caso, son la señal para entrar a machacar, a cantar desde las vísceras y a partirte el lomo. Desde entonces, y hasta casi el final de la canción, sólo hay frenetismo, potencia desbocada hasta el último tercio del tema, donde bajan las revoluciones para hacer énfasis en la letra que repiten como un mantra y en esos guitarrazos que pegan sus últimos zarpazos. Un himno B para sudar la camiseta y comprobar lo que se puede hacer simplemente con una batería y una guitarra y, sobre todo, lo buenos que son Japandroids. Volved ya, joder. La juventud os necesita.

Me gusta el chunda-chunda.

  • Shin Okubo

    Para mí este grupo es el único grupo de ROCK de ahora mismo.

  • Alarch

    Esta no la había oído. Está guapa. Cómo sabían sacarle partido a un par de estrofas.