El tamaño sí importa (LXXXIII): ‘F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E.’, de Pulp

Pulp elevándose a los altares con un tema incendiario

pulp2

Más o menos todos contamos una edad similar cuando nos empezamos a enamorar de los discos, de las canciones. Según quien apadrine tu llegada al mundo de la melomanía, puedes adoptar una postura u otra. Incluso una pose. Porque a esas edades la pose también es importante. Es más, lo es casi todo. En mi conversión a melómano influyeron tíos y colegas, básicamente, pues no nací en una casa en la que la música sonase habitualmente. Y de las primeras figuras que entonces me fascinó, la pose que lo envolvió todo de magia, atractivo y un encanto profundamente sexual, fue la de Jarvis Cocker.

Más allá del inegable carisma de su presencia física, estaba lo bien que parecían mezclar Pulp las letras más mundanas y populares con ese aura de divinidad y juegos de semidioses. En Pulp, además, irse de divos era todavía más extraño. Llegaron a mi vida entre el His’n’Hers (Island Records, 1994) y el mayúsculo Different Class (Island Records, 1995), y a pesar de que solo entonces encontraron una repercusión realmente mayoritaria, parecía claro que Jarvis sabía que había nacido para ser una indiscutible estrella del rock. El problema era del mundo, que todavía no había aprendido a verlo.

En aquel Different Class, al que considero sin duda alguna uno de los mejores discos de pop de la historia, se dejaron ver como apisonadoras algunos de los jitazos más grandes de la banda. Hablar de ‘Disco 2000’, ‘Mis-Shapes’ o (nos ponemos de pie) ‘Common People’ sería casi ridículo a estas alturas. Pero sí nos tomaremos unos instantes para gozar de uno de esos cortes que llega a final de disco. Casi cuando todo parecía acabar, y el trabajo avistaba un final absolutamente inmaculado, al que se llega sin que una sola canción nos haya merecido indiferencia, surge una llamada a la sensualidad más descarada.

Entre la oscuridad de la noche, y ese juego vocal de un Cocker que se siente amo y señor de la masa que en ese momento pueda estar escuchándolo, surgen los 06:02 de ‘F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E.’. Y lo llama amor, aunque quiera estar definiendo el más puro sexo. Entre aullidos y gemidos, entre botones y sujetadores que se desabrochan sin titubear y golpes de guitarra y percusiones. Seguramente este tema ya no era necesario para elevar a los altares al disco del que forma parte, pero parte de la pose de quien empieza a definir su lugar en el mundo es quedarse con los tesoros escondidos, con aquellos que a lo mejor permanecen en el anonimato para la mayoría. Y ‘F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E.’ es la mayor joya secreta de su época.

  • Sebastian Diaz

    Gran canción. Pero últimamente no me puedo quitar la sensación del parecido que tiene el segmento donde comienza la batería a golpear con Something Outside de The Wake. Aún así, temazo que bien podría haber sido single en un disco plagado de potenciales singles.