Emma Pollock – In Search of Harperfield

Igual ella no necesitaba resucitar, pero nosotros sí su resurección

emma-pollock

Hay una figura en la vida que me gusta mucha. Aquella que te genera una simpatía perfectamente estructurada, incluso cuando ni siquiera sabes bien de dónde procede tan sentimiento. Puede pasarte con un equipo de fútbol, situado lejos del lugar en el que vives o en el que has nacido. Que ni siquiera practica un juego atractivo, y tampoco es que sea excesivamente humilde (¿cómo no enamorarse de la Islandia de la Eurocopa?), pero que de algún modo forma un vínculo invisible y quizás absurdo contigo. Y no estoy hablando de la chorrada inmensa del “campeón moral”, hablo de generar simpatías, que es mucho más importante. Igualmente puede ocurrirte con alguna persona, que aunque solo hayas conocido de forma totalmente superficial, te ha emitido buenas vibraciones y dejado ganas de profundizar más. También hay grupos que nunca han sido tus favoritos, que seguramente no rescatas más que muy de vez en cuando y que, con todo, cuando alguien los menciona o se cruzan en tu vida, despiertan una sonrisa.

Emma Pollock siempre en mi equipo

Uno de esos grupos, en mi caso al menos, fue (es) The Delgados. No puedo decir que jamás fuesen una de mis bandas de referencia, ni que desde que Alun Woodward y Emma Pollock mataron el proyecto (que había sido bautizado de esa forma en honor al gran Perico), allá por 2005, los haya echado de menos a diario. Pero con todo, cuando de alguna remota forma, su recuerdo llega a mi mente, no puedo evitar recordar con toda la simpatía del mundo aquellas maravillas pop que habían sido Peloton (Chemikal Underground, 1998) o Hate (Mantra Records, 2002). Con todo, no mentiré, la vida de sus componentes por separado en la última década no había conseguido despertar en mí una admiración ni lejanamente parecida a la de la banda escocesa en su conjunto. Seguramente hasta hoy.

Porque hoy (es un decir, el disco del que hablamos ya vio la luz en enero) me he encontrado con esa bellísima obra que es In Search of Harperfield (Chemikal Underground, 2016) el tercer disco en solitario de Emma Pollock, que ha contado en la producción con el batería de The Delgados, Paul Savage, también productor habitual de gente como Mogwai, Arab Strap o Teenage Fanclub. Un trabajo lleno de esplendor, de magia, de la pujanza propia de aquella que debuta, y no de quien lleva ya dos décadas en los escenarios. Pollock debe ser tratada como lo merece, de usted. Como toda la dama del pop británico que es. Como letrista estupenda y compositora de melodías llenas de encanto, atractivo y mano maestra al mezclar innumerables cambios de guion.

Pollock debe ser tratada como lo merece, de usted. Como toda la dama del pop británico que es

Porque el inicio con ‘Cannot Keep a Secret’ y ‘Don’t Make Me Wait’ deja entrever un disco de simple y bello folk pop. Y ya solo eso, manteniendo el elevado listón de esas dos primeras canciones, sería más que suficiente. Pero In Search of Harperfield no se conforma con un agradable y sólido inmovilismo. Para muestra, esa enormidad de vals que se saca de la manga con ‘Intermission‘, una auténtica brutalidad. With quiet upheaval, the usual routine is replaced with the noises a thousand machines. All telling us stories of things that goes wrong, when we’re pushing the years because we want to hang on. Si afrontásemos la estúpida idea de diferenciar el disco en dos partes: una más luminosa y otra más oscura, parece que el peso y consistencia de la segunda ganarían a la primera. Aunque tendríamos que obviar piezas con alma tan radiable como ‘Parks and Recreations’ o ‘Vacant Stare’.

8.2/10

Así que, casi sin necesidad de que hubiese existido esa preciosa finalización de la mano de ‘Old Ghosts’, a estas alturas ya estamos castigándonos por permitir que Emma Pollock fuese desapareciendo paulatinamente de nuestras vidas. Supongo que es inevitable, tanto por inercia como porque Pollock tampoco ha estado especialmente productiva (tres discos en casi una década). Pero nos ha sentado estupendamente recuperarla. Y sobre todo en este estado de forma, abrumador. Como seguramente no la veíamos desde aquel Hate de hace tres lustros. Seguramente nadie contaba demasiado con ella a estas alturas, pero se ha negado a ser un simple recuerdo bonito. Emma Pollock se rebela como apuesta segura de riguroso presente, y no como apreciable pieza añeja de museo. No volveremos a pecar, seguiremos siempre su pista.