
Qué difícil es conseguir un disco perfecto. Puedes dar en el clavo en dos o tres canciones y que te de para aprobar haciendo la media con el resto, pero muy pocas veces se consigue que cada uno de los cortes tenga su justificación, que no falte ni sobre nada. El segundo álbum de Dënver ni es perfecto ni pretende serlo, pero, al menos yo, he encontrado en él todo lo que buscaba y que por el momento no me había dado ningún otro disco este año. Matrícula de honor.
El pop como aprendizaje en ese momento en el que se sale de la adolescencia, pop en todas sus vertientes y diseccionado en tantas partes como tiene la palabra: melodía, letras y movimiento al bailar. Música, gramática, gimnasia son tres asignaturas por las que dan ganas de volver a matricularse en la escuela y darlo todo por conseguir una de esas medallas que un día, cuando perdemos esa inocencia y la vemos abandonada en un cajón, nos damos cuenta que no sirve absolutamente para nada. Pero nadie nos quitará la ilusión del momento en que la ganamos.
De eso trata ‘Mi primer Oro‘, una competición en la que se despliega todos los recursos pop por hacerse por el primer premio conscientes de que unas veces se gana y otras se pierde. Ellos han ganado y con esta introducción es casi imposible no sentir la necesidad de participar en el juego.
Al dúo chileno formado por Mariana Montenegro y Milton Mahan les descubrí hace muy poco, en el momento en el que os hablé fascinado del videoclip de ‘Lo que quieras‘ (YouTube), la que para mi es desde entonces la canción de este 2010. Pensé que tanta emoción no era buena y que, al contrario que me ocurre con otros discos, esta vez las sucesivas escuchas servirían para quitarme el calentón antes de ponerme a escribir sobre ellos. Ha sido todavía peor, cada vez que lo escucho me enamora más, como un amor adolescente del que sabes que no va a salir nada pero te tiene completamente ciego.
No busques hitazos, este es más bien un disco conceptual de esos que se disfruta en su conjunto y es precisamente la variedad que encontramos en sus once cortes lo que lo hace irresistible. Variedad en la que superan a la también chilena Javiera Mena, cuyos discos me resultan demasiado monótonos a pesar de contar con alguna muy buena canción.
Aquí las letras sugieren más que dicen, abriendo la puerta a múltiples lecturas, nos sitúan en un contexto muchas veces cercano a la playa invitándonos a sumergirnos en nuestras propias aguas, nadando entre ‘Olas Gigantes‘ (YouTube) sin miedo a naufragar.
De la electrónica más bailable (’Litoral Central‘), electropop efusivo, al universo pop de La Casa Azul cuando le da por hacer canciones pausadas deleitándose en las texturas. ‘Diane Keaton‘ (YouTube) recuerda a ese Guille Milikyway y está plagada de pequeños detalles en forma de arreglos de cuerda, vientos… utilizados como tiene que ser, para enriquecer una canción, sin despistar y sin virtuosismos inútiles.
El loop hipnótico de ‘Los adolescentes‘ es un mantra que resume perfectamente esa etapa de nuestras vidas en los que un día es que sí y al otro que no o tal vez, sólo porque no hemos terminado de definir del todo nuestra personalidad.
Pienso que sería muy bonito vivir toda una vida así, sin grandes preocupaciones y completamente al margen del aburrido mundo de los mayores. Podemos intentarlo, por lo menos ya tenemos la banda sonora.
Llega el momento de corregir el examen y nos encontramos que no hay ni una respuesta correcta, pero lejos de dejar el examen en blanco han utilizado todas las artimañas posibles para tratar de convencernos. Para mí eso siempre ha sido un 10, para otros no es más que un truco.
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