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The Breeders

Como ya sabéis, en Hipersónica aprovechamos cualquier retorno o noticia marciana para hacer un algún especial sobre un determinado grupo. Así que, teniendo en cuenta que Last Splash de The Breeders cumple este año veinte tacos, y van a salir de gira, pasando por el Primavera Sound, qué mejor momento que este para inspeccionar por el retrovisor el segundo trabajo del proyecto de una Kim Deal que después de la disolución de Pixies, no quería quedarse en el dique seco.

Los precedentes

Kim Deal había demostrado en chicharros como ‘Gigantic’ que podía compaginar protagonismo en la composición con el excéntrico líder del cuarteto de Boston, o al menos tener un papel más activo. Pero Francis prefería que siguiera a lo suyo, complementando en los coros y demostrando cómo un bajo puede sobrevivir en un grupo de guitarras, elevándose con personalidad y finalizando las canciones de formas poco previsibles. Así que dado el deterioro de la relación, decide irse por su cuenta y debutar con su hermana y Tanya Donnelly (Throwing Muses) en The Breeders.

Algunos años antes, las desavenencias entre el líder del cuarteto de Boston, Black Francis, y la bajista Kim Deal, iban en aumento, erosionando la relación entre ambos. Debido a la inflexibilidad de Francis a la hora de dejar que la bajista también tuviera protagonismo a la hora de componer, ella decide retomar la senda de The Breeders, que debutaron en 1990 con Pod. Pero fue tres años más tarde, en 1993 y con los Pixies ya disueltos, cuando se sacan de la manga Last Splash, el disco que les dio el éxito comercial.

The Breeders, la herencia recibida de los Pixies

Tras la separación del mítico grupo de Boston, vía fax (Frank Black, genio y figura hasta la sepultura), Deal quiere continuar componiendo, y tras el debut con The Breeders bajo la producción de Steve Albini, vuelve al estudio para grabar la secuela. En agosto de 1993, de nuevo con 4AD, paren Last Splash, con ella como productora. Pero esta vez, la aventura se retoma sin Tanya Donnelly, que ese año debuta con otro proyecto paralelo, Belly. Por otra parte, también hubo cambios en la batería, entrando Jim MacPherson en detrimento de Britt Walford.

Si The Breeders es la válvula de escape en la que Kim Deal pudo dar rienda suelta a la composición que no le fue permitida junto a Francis, Last Splash es el disco en el que demuestra sobradamente el talento que tenía y que podía haber ofrecido a su ya extinto grupo. Viendo de dónde viene, la época en la que se encontraban y la discográfica del grupo, el resultado musical no podía ser otro, indie rock americano con dejes de grunge. Propio de la época.

Eso sí, la fórmula de ruido, silencio y ruido también está aquí. Es decir, los cimientos que los Pixies sembraron, Kim Deal los siguió recogiendo para su segundo proyecto. Porque además, a diferencia de Pod, este era un álbum mucho más cercano en sus formas a lo que había venido haciendo con los Pixies, con algunas canciones que fácilmente podrían haber entrado en su repertorio.

Last Splash y el golpe en la mesa

Es cierto que Pod dejó muy buenas sensaciones, con un sonido muy pulido, con un toque muy personal; indie rock diáfano y de raza. Pero Last Splash es el álbum que les masificó, llegando al número 33 en el Billboard norteamericano, vendiendo más de un millón de discos. La razón es bastante sencilla, posee lo que le faltó a su ópera prima, una buena combinación de pepinazos y de singles pegadizos.

Last Splash es un disco más irregular y tiene menos consistencia que Pod, pero cuando en él ofrecen su mejor cara, sacan lo mejor que dieron The Breeders. Hablamos de piezas musicales que podrían refutar el error de Frank Black al haber impedido que Kim Deal tuviera más protagonismo en la composición con los Pixies, aunque tampoco nos podemos aventurar a asegurarlo. El caso es que en su segundo largo, lograron llegar a las cotas de éxito a las que nunca llegaron los de Boston estando en activo.

Kim Deal haciendo por fin lo que le apetece

Este disco es menos furioso, con un músculo más denso y concentrado que ya se deja notar al principio del disco con la erosión lenta de ‘New Year’ o ‘Invisible Man’. En estos pasajes, las Breeders se posicionan más cerca del grunge que en Pod, que apelaba a un rock independiente con un sonido más nítido. Precisamente en estos cortes encontramos alguna de esas canciones que bajan el nivel notable del disco. Temas como ‘Roi’ o ‘Do You Love Me Now?’ entorpecen la escucha por esa maraña de densas capas de guitarras.

En The Breeders, Kim Deal se olvida del bajo y desarrolla para su grupo las ideas que no había podido implementar en Pixies. Si en el debut también le dieron al spanglish (clara herencia recibida), en Last Splash explotaron las canciones instrumentales, dándole bastante caña a los pedales y guitarras rimbombantes de ‘Flipside’ y al bajo violento de ‘S.O.S’. Las podemos englobar en el pack de canciones de altos decibelios del disco, donde también estaría la simple pero efectiva y vengativa ‘No Aloha’, con esa guitarra que entra tan bien en segunda línea, acompañando el orgánico punteo principal.

Uno de los aspectos más interesantes que encuentro de este disco es la faceta pop de Kim Deal, en la que es capaz de sumergirte en un mar de buenrollismo con temas que rezuman vitalidad a raudales como ‘Divine Hammer’ o ‘Saints’. Esas sensaciones las llevó también a otros terrenos, como el ensayo de country que se percibe en ‘Drivin’ On 9’. Es como encontrar la parte más liberada de la mujer que durante algunos años estuvo sometida creativamente a la tiranía de un egocéntrico que estaba excesivamente ocupado componiendo canciones ufológicas. Contextualizadas en el álbum, estas piezas forman parte del final del disco, que es de lo mejor que éste ofrece. En dicho tramo también encontramos de nuevo un bajo protagonista en Hag, con Kim mostrando sus dotes como vocalista.

Cannonball, el hit

Como es obvio, este disco será recordado, entre muchas otras cosas, sobre todo por ‘Cannonball’, la canción de ir a por todas; el levanta mañanas, la potencia que te deja sordo, el tortazo que te salva del empanamiento. Desde los golpecitos iniciales de la batería hasta la electricidad que fluye en el estribillo, y pasando por el magnífico ritmo de percusión con sus correspondientes parones, Cannonball es un hit perfecto; uno de los más redondos de los noventa. Chúpate esa, Frank, debió pensar Kim.

No obstante, aunque las raíces son las que son, The Breeders moldearon su torno de una forma diferente, con canciones de toque más atmosférico y con menos transiciones bruscas. Pero en efecto, sonando a Pixies, es inevitable dada la estrecha relación entre un grupo y otro, sobre todo en este lapso de tiempo, ya que los posteriores discos de Breeders han sido discretos. Un buen ejemplo de lo que son los retornos de grupos clásicos o que ya vivieron su momento de gloria. Así pues, Last Splash debió ser el último trabajo de Breeders para cerrar un periplo muy digno. Y más corto a poder ser, el disco lo hubiera agradecido.

Hipersónica vota un 8 En resumidas cuentas, lo mejor del álbum se encuentra en el primer tercio del disco y en su tramo final. Es en el centro donde se encuentra esa sequía compositiva, con canciones que bajan el nivel y que son como piedras en el camino. Por lo general es un disco con canciones de notable, con esas tres o cuatro canciones que o son un pepinazo o funcionan realmente bien. Al fin y al cabo, las cartas en la manga que ayudaron a ese éxito rotundo. Aunque el debate de si su mejor disco es este o Pod, se les recordará por Last Splash. Y por Cannonball.

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