
Hay discos gordos y discos delgados, y también discos pesados y otros ágiles, que es algo completamente diferente a la anterior clasificación. Woods son especialsitas en hacer discos delgados, el espíritu de la golosina en formato psicodelia garagera, pero hasta ahora, hasta este Sun & Shade, no habían logrado nunca hacer un disco tan ágil.
Eso no es malo: At Echo Lake, octavo mejor puesto en nuestra lista de mejores discos de 2010, fue un álbum sin fisuras, encantador en todos sus recovecos y brillante, brillante.
Yo lo califiqué de feérico y no veo que haya por qué cambiar de opinión: tiene todas las cualidades relativas a las hadas, empezando por el lado femenino (pese a ser Woods un grupo masculino) y siguiendo por lo juguetón, lo travieso, el lado siniestro que puede esconder o su embrujo. Y también por contener la esencia de lo joven que a la vez puede sonar a la sabiduría de los ancianos.
¿Dónde radica lo que hace especiales a Woods? ¿De dónde vienen sacando la inspiración necesaria para ir en busca de la inspiración del folk sesentero y volver con canciones hermosas, cálidas, íntimas pero no folk?
Pues es tan básico y a la vez tan complicado como en hacer estupendas canciones como ‘Pushing Onlys‘, ‘Who Do I Think I Am‘ (el ‘Sunday Morning‘ de esta década) o ‘Be All Be Easy‘. En hacer música como si la compusieran después de haber mirado fijamente unos segundos al sol de verano y tener aún los ojos con chiribitas. En escribir canciones para tomar drogas para entrarle a la chica para pasar el verano tirado a su lado para escribir canciones para tomar drogas para etc…
Esta vez querían un poco más de sí mismos. Fijaos en ‘Out of The Eye‘: Siete minutos de sintetizadores, guitarras de ida y vuelta y percusiones como mantras, una banda sonora que no es de extrañar que muchos estén comparando a Neu! y que sirve de prueba, demuestra, como también lo hace ‘White Out‘ la necesidad de Woods de utilizar este disco para ser lo más versátiles posible. Lo cual no quiere decir que hayan abandonado sus militancias: ahí sigue la baja fidelidad y el garage sonando a garage, no a catedral.
No sólo es que Sun & Shade sea ágil en su desarrollo, sino que aprovecha sus cambios de ritmo y tempo o sus saltos de sensación predominante para dejar claro que a Woods cada vez les gusta menos poder ser adscritos a género o movimiento alguno. Si hasta ahora la psicodelia y el folk predominaban, en su sexto disco, veraniego de nuevo como pocos, han dado mayor entrada a cierta tonalidad otoñal, post-juerga, como aquellos Beach Boys post-Smile.
Aunque, claro, también se puede ver los reflejos de las mejores canciones de los Hollies o hasta de Galaxie 500, que no sé por qué casi nadie los nombra al hablar de Woods, cuando yo me los encuentro en muchos rincones.
Hablaba antes de que Sun & Shade tenía el don para ajustarse a diferentes ambientes. Es más que eso: el nuevo disco de Woods consigue hacerse un hueco en cualquier momento y en cualquier lugar, sin necesidad de disfrazarse de experiencia intensa, completa, intelectual. Contiene algo más importante: el don de la música joven.
Woods: Sun and Shade by alteredzones