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La Ley Innata

Cuarenta mil copias vendidas en tan solo tres semanas. Disco de oro, tal y como nos contaba nuestro compañero Andrés Milleiro, y eso sin promoción y con las reservas que había hechas en las tiendas de discos del país. Me comentaba un colega de la radio que en una tienda de mi ciudad conforme llegaba unas pocas copias éstas se agotaban ipso facto, algo que no parece extraño a la hora de hablar Extremoduro.

Y resulta curioso que la competencia que Robe Iniesta y compañía sea únicamente Melendi, un cantante de rumba cuyo cincuenta por ciento de inspiración, para mal, ha sido la banda extremeña. La crisis existe y afecta tanto a los que vende poco como a los que venden mucho, porque no cabe duda que en otras circunstancias Extremoduro estarían de salida con un disco de platino y lo que te rondaré morena.

La ley innata muestra una severa portada recoge un epígrafe de Cicerón que traducido dice esto: “Existe, de hecho, jueces, una ley no escrita sino innata. La cual no hemos aprendido, heredado, leído, sino que de la misma naturaleza la hemos agarrado, exprimido, apurado. Ley para la que no hemos sido educados, sino hechos, y en la que no hemos sido instruidos sino empapados”.

De fondo aparece el llamado hombre de Vitruvio, de Leonardo Da Vinci, símbolo del ideal del intelectual romano que refleja lo fundamental del pensamiento del Renacimiento: el hombre como medida de todas las cosas, la belleza ajustada a unos cánones, equilibrio y proporción.

El nuevo disco de Extremoduro ha venido a paliar la sequía creativa de Robe Iniesta, quien comenzó a flaquear hace ya seis años y no ha sido hasta ahora cuando ha decidido sacar a la luz sus nuevas composiciones. La ley innata no es un disco fácil, es un álbum que podemos calificar de conceptual que consta de una introducción, cuatro movimientos y una coda.

El propio Robe ha declarado que no tiene nada que ver con la Pedrá, aquel pétreo disco de un tema que publicó en 1995, y lo único en que se parecen es en que no tiene sentido escucharlos fraccionados. Cualquier parecido entre ellos es pura casualidad.

La primera vez que lo escuché y lo comenté con mi compañero Gallego me pareció que Extremoduro se habían pasado al AOR, algo que puede parecer si nos atenemos a esos arreglos barrocos que acompañan a estas composiciones, aunque todo hay que decirlo, para apreciarlos en todo su esplendor hay que colocar el compacto en un equipo hi-fi, nada de volcarlos en un mp3 y reproducirlos en un dock.

Ara Malikian, violinista libanés de ascendencia armenio-gitana, es el responsable del cuarteto de cuerda que escuchamos en esta grabación, en la que también hay piano, oboe, flauta y trompetas. Una instrumentación que le da un empaque a este álbum que podemos calificar de delicatessen.

¿Se han hecho maduros Extremoduro? Si sólo tenemos en cuenta La ley innata la respuesta es sí, pero en directo lo que hemos escuchado del mismo nos revela que a Robe Iniesta no lo domestica ni Dios. Con Iñaki ‘Uoho’ Antón se ha dado el gustazo de utilizar hasta noventa y seis pistas, ahí es nada, algo que se ha podido permitir porque han tenido a disposición el estudio de éste

Alguno dirá que en La ley innata hay menos guitarras y que es más melódico pero hay que escucharlo un montón de veces para sacar conclusiones. Las exigencias del mercado han obligado a sacar un single de adelanto, ‘Dulce introducción al caos’ (Imeem), comienzo del disco y en el que nos encontramos al Robe más intimista acompañado de unas guitarras con algunos punteos de reminiscencias renacentistas, cuerdas, teclados que dan paso a un crescendo de guitarras afiladas, volviendo a bajar el ritmo y acelerándolo al final con un duelo de guitarras plenamente Extremoduro y el cantante totalmente inspirado.

‘Primer movimiento: El sueño’ (Imeem) muestra un trabajo de guitarras absolutamente fantástico, a destacar ese toque a lo Pink Floyd en la mitad del tema, uno de los puntos fuertes de este disco, y en él nos encontramos a un Robe más contenido y menos excesivo, tanto a la hora de cantar como en el aspecto de composición de los textos.

‘Segundo movimiento: Lo de fuera’ (Imeem) empieza con una orquesta de cámara y el ritmo va poco a poco subiendo hasta alcanzar un nivel para que Robe vuelque su rabia cantando “...sigo preso, y ahora el viento corre a mi alrededor…”. Sus casi doce minutos, al final nos encontramos con una especie de fanfarria con cuerdas y trompetas, son toda una declaración de principios del artista y es con el siguiente movimiento el más Extremoduro de todo el álbum. Deberían prepararla ya para hacerla en directo.

Tercer movimiento: Lo de dentro (Imeem) es cien por cien Extremoduro, tanto que los que escuchen este corte por separado no se creerán los arreglos del resto del disco. Robe enfurecido, escupiendo frases como “Miente el carné de identidad, tu culo es mi localidad. Miente el destino para hacer que no te vuelva a ver. Miente, si dice no me miente, si dice si me miente y si calla tambien miente”, en plan poeta francotirador, sobre una muralla de guitarras y una sección rítmica apabullante.

‘Cuarto movimiento: La realidad’ (Imeem). Ahí nos encontramos a unos Extremoduro sentimentales, poéticos, con un Robe cantando emocionado y emocionando tanto a propios como a extraños como si fuera un poeta de la experiencia, soltando frases tremendas como “Para contarte que quisiera ser un perro y olisquearte. Vivir como animal que no se altera tumbado al sol lamiéndose la breva. Sin la necesidad de preguntarse si vengativos dioses nos condenarán”. Y el estribillo es de los más comerciales de la carrera del grupo. De nuevo un trabajo abrumador de Uoho y Robe con las guitarras.

‘Coda flamenca: (Otra realidad)’ (Imeem). Algunos seguidores me han comentado que les sobra pero a mí me parece de lo mejor de La ley innata. Extremoduro convertido en unos Triana progresivos del nuevo milenio, disculparme la comparación, sonando increíblemente modernos y Robe Iniesta impostando la voz para cantar letras como “el fuego del infierno ya es solo humo y ahora el fuego ya es solo humo, después de arder el fuego ya es solo humo, el infierno ya es solo humo”.

Una obra maestra, pues casi sí, cuarenta y cinco minutos increíblemente bellos, emocionantes e impactantes que invitan a volver una y otra vez sobre ellos. Lo único que echo de menos es haber cuidado mucho más la edición, se podía haber incluido un DVD sobre la grabación o un libreto con un montón de fotos. Y desde aquí lanzo un reto a Extremoduro, ¿por qué no lo hacen en directo y nos lo presentan en un DVD con material extra? Sería un verdadero puntazo.

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