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Tier List

Christopher Nolan: la tier-list

La obsesión por desafiar a los dioses

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Pedro Gallego
Jul 31, 2026
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Pocas veces le va a aplicar tanto a un director una frase acuñada por él mismo como “O mueres como un héroe o vives lo suficiente para convertirte en villano”. Puede darse la gracia de que el zeitgeist te catapulte, o que tú mismo le des forma, pero va a llegar a un punto donde la discusión se va volver necesaria. Si Steven Spielberg tuvo su época de ser acusado de destrozar el cine por maquinaria industrial y estética, también le tenía que llegar a Christopher Nolan como equivalente más similar en la actualidad.

Vivimos en tiempos estética y tonalmente bastante nolanescos, y esto hace necesario una reacción. Especialmente en tiempos donde la reacción es más inmediata y visceral, premiándose menos una discusión más meditada y racional. Es fácil reprocharle cómo la seriedad autoimpuesta de mucho cine espectáculo, así como el fervor de los superhéroes a nivel mainstream, es culpa directa suya. También la imposición de los puzzles narrativos borgesianos a nivel de guion que han volcado mucha discusión cinematográfica hacia la capacidad de sorpresa e inventiva en lugar de la emoción o el desarrollo de las ideas.

Como sucedía con Spielberg, esto no es precisamente descubrimiento suyo1. Sí que es responsable de empujar el momento hacia determinada dirección, dado que dicho momento estaba empezando a dirigirse hacia áreas de su predilección. Desde los intrincados laberintos que son sus guiones, que emplea para desafiar la percepción de sus protagonistas y acercar a los espectadores a dichos personajes, hasta su enfoque cínico hacia las estructuras establecidas, muy propio de alguien que generacionalmente es gen-X y que se fue adoptando más a partir del 11-S.

Él mismo es consciente de cómo su sensibilidad en parte contestataria contra el establishment se ha vuelto populista en sí mismo: “Me ha ido bastante bien confiando en que la audiencia esté tan insatisfecha con la convención como yo”. No por ello ha dejado de desaprovechar la oportunidad de volverse autor blockbuster para desarrollar inquietudes personales que infectan desde personajes hasta las propias narraciones. En cierto modo, ha inyectado energía nuclear a lo que en el pasado eran películas de serie B como la ciencia ficción y, sobre todo, un noir que acaba siendo elemento común en toda su filmografía, aunque sólo lo ejecutara de manera directa en sus primeras películas.

Nolan muestra particular querencia por explorar la obsesión llevada al extremo, con personas muy seguras de tener las soluciones ideales para resolver el mundo y con poca duda de realizar los sacrificios necesarios para llevarlas a cabo. Una osadía que es casi desafío al designio divino que, en un marco más realista, se traduce a menudo en una humanidad abocada a la destrucción mutua asegurada, sea con la guerra o con la construcción de artefactos que pueden aniquilarla. Su filosofía de cine negro, más cínico, le lleva a explorar estas figuras e ideas con ambivalencia2, aunque observadas en conjunto arrojen una visión más concreta.

No por ello Nolan deja de mostrar fascinantes paradojas en lo que trata y cómo. Contradicciones que hacen interesante a un artista, pero se vuelven frustrantes para quienes esperan concreción del autor masivo del momento. Su estilo cinematográfico está atravesado en la ambivalencia por alterar la forma, pero abrazar la tradición analógica. Por intentar explorar situaciones con lógica aunque ensombrezcan el sentimiento que a veces persigue. Por intentar mantener un pulso artístico desde un ángulo bastante calculado y científico. Querer deconstruir la femme fatale, pero siempre teniendo dificultades para no desdibujar sus personajes femeninos. Y, por último, por intentar tener una atmósfera realista mientras quiere dejarse llevar por la parte más fantástica del cine.

Una película de Nolan acaba marcada por una profunda capacidad de inmersión, ya presente en esos zooms cuidadosos cuando llega a una localización o cuando quiere detenerse en la información que comparte un personaje. Pero esta inmersión se desarrolla especialmente a partir del abrazo de la tecnología IMAX, que en su inmensidad por altura y su mayor profundidad y claridad de detalle sitúa al observador más dentro de la acción o de la mente de un personaje.

Su cine está de por sí está interesado en la dualidad, a menudo para explorar los extremos que se pueden tomar (especialmente a partir de qué información se dispone), y sus mayores influencias son también ejemplares en ellos. Tras unos inicios de personalidad visual más vaga, orientada sobre todo a observar a los actores expresando sus diálogos para que el espectador no se pierda, su avance en medios y experiencia le ha permitido desarrollar un interesante híbrido entre el poderío épico de la dupla de hermanos Ridley Scott y Tony Scott y también el thriller realista pero profundamente operístico de Michael Mann.

Casualmente, también se le ha acusado de tener más espectáculo que sustancia, y también de carecer de emoción cuando sus historias son increíblemente pasionales. Nolan no da su brazo a torcer a la hora de cómo decide enfocar las historias, aunque tenga cierta cintura para moverse hacia algo más sentimental o para tomarse menos en serio además de explorar varios géneros, y esto va a generar tanto abrazo apasionado como rechazo bastante profundo. Pero no deja de tener una filmografía comentable e interesante de desentrañar, y de ahí esta tier-list.

NO

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Following (1998)
  • Following (1998)

Es más frecuente que los comienzos tengan más defectos que pruebas o una pureza estilística. Las querencias de Nolan quedaron ya muy claras en Following, desde esa tonalidad noir hasta el empeño en querer contar las historias de manera no linear para tener al espectador más atento. Sus intenciones son transparentes, pero su ejecución todavía es demasiado amateur para interesar en un voyeurismo muy trivial.

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