El tamaño sí importa (XCVIII): ‘Trae ese ron’, de Violadores del Verso

Una de las cimas de uno de los mayores talentos del país.

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No es baladí el hecho de que Kase.O siga manteniendo tanta expectación y repercusión alrededor de su obra estando cerca del cuarto de siglo de carrera. Nuevos fenómenos van surgiendo, pero él sigue siendo el que más furor produce más allá de los círculos especializados. No ha decepcionado en ese aspecto con la publicación de El Círculo (Rap Solo, 2016), tampoco en lo artístico, y es digno del mayor aplauso posible por lograr seguir sonando estimulante tras más de veinte años de conseguir llamar la atención con ‘Soy de Aragón’.

Tenemos miedo a vuestra sangre fría
No es un mensaje es un insulto, todos somos adultos
No, yo no soy uno más en el bulto
Yo estoy jodido porque no puedo esconderme y sólo puedo beber…

Sólo quince años por aquel entonces, cuando publicó esa maqueta, y ya mostraba un talento inusual. Un talento aún más explotado escoltado por dos MCs más de categoría y uno de los DJs con más talento para pinchar bases que ha visto este país. Violadores del Verso no son sólo uno de los pilares más monumentales sobre el que se edifica el hip hop español, sino también uno de los mayores hitos de la música popular nacional. Son muchas las muestras que demuestran semejantes hechos, las más claras se sustentan en la proyección y el manejo de la lírica por parte de Kase. Una de ellas es nuestra protagonista de hoy.

Cada vez más sordo, cada vez más loco
Tampoco estoy roto pero por poco
Cada vez más solo, y cada vez más triste
Cada vez más cadáver ¿Quién coño resiste?

Uno no puede morirse sin conocer la existencia de este grupo y de un disco como Vicios y Virtudes (BOA, 2001), lleno de himnos representativos, de una frescura que pocos discos poseen y, lo más importante, un flow aplastante y arrollador. Cada tema transmite la sensación de que el cielo es el límite, que la combinación entre sus MCs y la maestría de su DJ no tienen nada que envidiar del panorama internacional, que pueden aguantar cualquier asalto. Pueden hasta rozar los siete minutos de duración orbitando alrededor de la base de R de Rumba y el discurso de Javier Ibarra y no cansar en ningún momento.

Yo vivo como si la muerte no existiera
Nada quiero, nada espero, nada llega
Recuerda, duermo en tu tejado
Cada vez que sueno en tu cadena resucito

Por eso tiene tanto mérito un tema como ‘Trae ese ron’. Partida en tres actos, apuntando desde lo más externo hacia lo más local, de la sociedad de las élites pasando por la escena musical y, finalmente, disertando de lo que le rodea. La petición de la botella articula cada movimiento del discurso, avanzando sin titubeo propulsado por la métrica privilegiada de Kase, convirtiendo en imborrable himno pop cada verso que suelta, desbordando con su flow y no agotando en ningún punto. Repetimos, han pasado casi siete minutos y no ha habido tiempo para cansarse ni de la base ni del discurso. Eso es talento.