Los mejores documentales musicales de la historia
Grupos y artistas legendarios, actuaciones icónicas y escena que merecían ser retratados
(Este artículo está dedicado a Serj que para algo lo solicitó)
Mucho público consume el cine documental como si la parte del cine no formase parte de la ecuación, y estuviéramos realmente expuestos a momentos de pura realidad en lugar de a otro estilo de narración cinematográfica. Una que, como tal, acaba imponiendo perspectiva sobre lo real, y en ocasiones emoción. Al menos, los films que no terminan engullidos en tendencias convencionales o de algoritmo que buscan, precisamente, ser consumidos.
El documental musical es una especie particular dentro de este cine, ya que el público objetivo claramente tiene fijación con la parte de la música y no tanto por lo cinematográfico. En su mayor parte, quiere que la experiencia sea otro acercamiento a músicos y escenas en los que suele tener un interés previo, esperando con suerte encontrar algún detalle de novedad más que experimentar la historia de manera especial. De ahí que se haya producido tan masivamente, porque el mainstream entiende que es un camino bastante fácil para ofrecer una imagen deseada, y cadenas especializadas en música pueden crear espectáculos sensacionalistas muy efectivos siguiendo una misma plantilla.
El cine documental musical, como el documental en general, puede ofrecer mucho más sin tener que descuidar nada en el proceso. Ni la parte narrativa pura ni que la música sea la protagonista, o al menos lo que vertebre realmente la historia. La selección de películas que se detalla a continuación persigue un poco eso: mostrar cómo el documental de música se puede enfocar desde ángulos muy distintos. Desde técnicas dispares, hasta sujetos que pueden ir desde lo concreto (una estrella, un movimiento) hasta algo más elusivo.
Para poder hacer ese repaso completo y, con suerte, interesante para el que quiera encontrar referencias que vayan más de sus intereses previos, se han tomado decisiones de cribado importantes. Ya no sólo obviar muchos documentales que son biografías wikipédicas sin mucho toque personal en protagonistas y/o dirección, sino también se han omitido en su mayor parte los conciertos, que suelen meterse en este saco aunque su única contribución sea la pura experiencia musical. Otro día podemos hablar de películas concierto legendarias, pero aquí van a estar en su mayor parte ausentes, con excepciones que realmente consiguen un híbrido que justifique su presencia. O, al menos, que a quien escribe le parezca que vale.
‘Don’t Look Back’ (1967)
Pocos han sido tan expertos como Bob Dylan a la hora de confundir al personal para que no se le llegue a conocer del todo. Y, aun así, cientos de documentales se han hecho intentando desgranar el misterio, intentando grabarle en el momento o estudiando los archivos.
D.A. Pennebaker, el gran registrador de la cultura rock y alternativa de aquel momento, mantiene todo el rato la cámara en torno a él mientras éste coloca humo y espejos frente a fans, periodistas y compañeros del folk. Es un documento impresionante y exquisitamente contado en su carácter deslavazado y sucio.
‘Woodstock, 3 días de paz y música’ (1970)
La condición legendaria del primer festival de Woodstock ha estado bien cimentada también en el impacto de las muchas imágenes que recogieron. El épico documental de Michael Wadleigh ha contribuido a esa canonización, porque su espectacular despliegue consigue ser una pieza de hemeroteca imprescindible para capturar las sensaciones y la música que flotaron durante esos días. Con un impresionante uso del montaje y la imagen partida gracias a la asistencia y edición de Scorsese, la combinación de concierto con retrato humano consigue algo impresionante.
‘Canciones para después de una guerra‘ (1976)
No tantos documentales han decidido plasmar la evolución e incluso subyugación de todo un país a través de la música que se impuso. Comercial y directamente. El ambicioso y experimental trabajo de Basilio Martín Patino muestra la España franquista sin cortarse ni un pelo, empleando los himnos populares en fuerte contraste con las imágenes de archivo llenas de miseria y desesperación. En términos de emplear canciones como vehículo narrativo a varios niveles, Canciones para después de una guerra es esencial.
‘El último vals’ (1978)
Aunque hemos dicho que íbamos a obviar los conciertos, El último vals que ofrece Martin Scorsese va mucho más allá de eso para plasmar la música como algo fabuloso e inmenso. Ni unas ingentes cantidades de cocaína que fluían durante toda la gira podían enmascarar que esta celebración de The Band tenía mucho de marcha fúnebre.
Por eso es tan interesante cómo Scorsese enmarca esta eufórica y poderosa última actuación del grupo como un funeral, haciendo una elegía al rock and roll, a la vida del músico en la carretera y a todo el desgaste que ello conlleva. Había que incluir al menos una de las varias piezas documentales extraordinarias del italoamericano, y esta se lleva la palma.








